Pipirigaña
Tiene tantos, tantísimos años el juego de manos que se llama "Pipirigaña", que hasta Francisco de Quevedo, lo menciona en su libro El Buscón, de 1626. El juego "con que se divierten los muchachos porque lo hacen diciendo ciertas palabras y dándose pellizcos en las manos" se jugaba al son de una canción que comenzaba así:
"Pipirigaña,
vino la araña,
por su sabanita
para la arañita."
De esta palabra tan sugestiva y sonora me prendí, cual arañita a la pata de su madre, e inventé este "día de arañas", con sus altos y sus bajos, sus comiditas y su abrigo, su dolor de panza y su canción de cuna. Por suerte, Pipirigaña materna a ocho patas, justo una por cada una de sus hijas. ¡Y cuántas tareas tiene su maternar! Que seguro serán muy parecidas a las del maternar/paternar/abuelar del adulto que lea con su niño o niña este libro.
La medida de los versos, la rima y las repeticiones crean una musiquita "inolvidable" y lista para ser repetida como un juego cada vez que haya que entretenerse.
Pipirigaña,
la araña, la araña,
con sus ocho hijas
sube la montaña.
Al ratito paran,
tienen mucha sed.
La Pipirigaña
les da de beber
rocío en copitas
de flor de la miel.
Pipirigaña. Editorial La Brujita de Papel (Buenos Aires, 2025). Ilustraciones: Luciana Feito.







