Biografíabiografía

Preguntas y respuestas

A continuación, las respuestas a las preguntas "más preguntadas" por todos los chicos.

Cecilia Pisos ¿A qué edad empezaste a escribir?
A leer, empecé a los seis, en primer grado. Y a escribir, también. A escribir cuentos y poemas, entre los 8 y los 9, en tercer grado, porque leía muy rápido y en mi casa no podían conseguirme tantos libros nuevos; entonces, para no aburrirme, empecé a inventar mis propias historias. Mis primeros poemas fueron canciones de amor. Ah, también a los 8, cuando jugaba a la maestra con uno de mis hermanos, Dani, le enseñé a leer y él estaba en sala de 4. ¡Aprendió bien jovencito!

¿Cómo llegaste a ser escritora?
Desde los primeros años de la escuela, pasó el tiempo y seguí leyendo y escribiendo, fui a la universidad y estudié Letras, trabajé como profesora, como investigadora y editora, todos oficios relacionados con los libros. Hasta que un día, por fin, encontré lo que verdaderamente me gusta hacer: escribir libros para chicos.

¿Cuál fue tu primera publicación?
Mi primer libro publicado fue uno de poesía para mayores, que ganó un concurso de la Fundación Antorchas. Se llama “como palabras educadas”. Tenía 30 años. ¡Miren cuánto pasó desde los 8 en que empecé a escribir! Mi primer libro para chicos apareció algunos años  después, en 2001. Es Las hadas sueltas, también de poesía.


¿Cuál consideras que es tu libro más exitoso?
Todos los libros son exitosos para mí si se comportan como perfectos puentes, es decir, si me permiten cruzar y acercarme a otras personas, las que los leen.

¿Qué te gusta más escribir: poesías o cuentos?
Las dos cosas. Al principio, me resultaba más fácil y más natural, escribir poemas. Después, empecé con los cuentos y, en un tercer momento, me animé con las novelas. Los poemas salen de alguna frase o palabra que se aparece de repente y uno la escribe y le va agregando otras, como si estuviera jugando con bolitas de plastilina. Con los relatos, primero hay que conocer muy bien a los personajes, cómo hablan y qué cosas son capaces de hacer antes de echarlos a andar. Y aún así, una vez que cobran vida ¡pueden hacer cada desastres!

¿Qué premio de los que recibiste considerás más importante? Cuando lo ganaste, ¿qué sentiste?
Recibí algunos premios de poesía cuando era muy jovencita y recién comenzaba a estudiar en la Universidad. Luego, de grande, algunos de mis libros recibieron premios o recomendaciones pero el más valioso para mí fue el que gané en séptimo grado. El Hogar Obrero, una cooperativa, organizó un concurso de ensayo precisamente sobre el cooperativismo y yo lo gané. Publicaron mi texto en una revista, a mi escuela le tocaron libros para la biblioteca, y a mí me dieron una suma de dinero para gastar en cualquier sucursal de la cooperativa. Sin dudarlo, yo me compré mi primera máquina de escribir, una Remington amarilla (las compus no existían en esa época). Con eso, a todos en mi casa les quedó bien claro lo que yo quería ser.

Cecilia Pisos En los libros, ¿involucras tu vida personal?
Los escritores, dice el teórico y novelista David Lodge, "queman realidad" en sus textos, como se queman los leños para hacer el fuego. Siempre uno pone cosas que vivió o conoce o le contaron. A veces, tal cual son; a veces, modificadas (por ejemplo, exageradas). Una vez, a mí me pasó con una historia, a la que conté prácticamente como había llegado a mis oídos, que todos creyeron que la había inventado. Si uno tiene las orejas abiertas, se escuchan por ahí las cosas más asombrosas.

En los libros, ¿involucras tu vida personal?
Y sobre princesas y reyes y sapos y dragones y magos y sobre todos los personajes de los antiguos cuentos de hadas. No sé por qué, me encantan esos personajes, sobre todo, ponerlos en situaciones cómicas, descubrirlos en los lugares más comunes, volverlos monigotitos, quitarles sus aires de importancia.

Tus hijos, ¿qué opinan de tus libros?
Con mis hijos "pruebo" la mayoría de mis textos antes de que salgan en forma de libro; les encanta ser los "probadores" de historias y poemas. Y, como les pasa a todos, a veces les gustan más y, a veces, menos. Yo trato de prestar atención a las cosas que no les gustan o no les divierten y, muchas veces, logro mejorarlas.

Para los niños y jóvenes que se inician en la escritura, ¿qué consejo les darías?
Que escriban y escriban y escriban. Y que les lean a sus amigos y a sus familiares lo que escriben, que lo comuniquen. Y que sigan escribiendo hasta que sean grandes y entonces puedan decidir...¡si quieren seguir escribiendo! Publicar es una consecuencia que se da, salvo raras excepciones, muy alejada en el tiempo de su causa, la escritura. El de escribir es un oficio de paciencia y perseverancia.

Ya creaste las series de "Guadalupe Sinverruga" y "Juani y Superfido"... ¿Cómo construís estos personajes que se repiten en varios libros?
Al principio, no me sentía muy segura de encarar series, me daba la impresión de estar haciendo justamente eso, libros "en serie", lo cual es, en realidad una contradicción: desde mi punto de vista, la escritura de un libro es un proceso artesanal. Siempre busco que además de contar algo, la forma en que eso se cuenta, la manera de contarlo, sea significativa y diferente para el lector también. Pero me animé a probar y estoy muy contenta porque el trabajo con los personajes, de un libro a otro, es muy intenso: el personaje va adquiriendo espesor de persona, y tanto el que escribe como el lector, supongo, pueden anticipar con placer sus reacciones y su comportamiento en diferentes situaciones, como si fuera un amigo o un primo, por ejemplo. Entonces descubrí que, además del placer de la novedad, existe el placer de volver a lo ya conocido.

Cecilia Pisos ¿Te gustaba leer cuando eras chica?
¡¡¡Me encantaba!!! Me acuerdo de que cuando tenía ocho años, para Navidad, Papá Noel me trajo 14 libros de la colección Robin Hood. Al día siguiente, como era diciembre y hacía mucho calor en casa, todos dormían la siesta y yo apilé los libros en mi escritorio y me pasé un buen rato contemplando la pila, sin empezar a leer ninguno (porque era empezar y no terminar), para que no se me acabara ese montón de felicidad.

¿Cuál fue tu cuento preferido?
Cuando estaba en primer grado, vi por la tele una película sobre Don Quijote, me gustó y me dio mucha curiosidad por conocer el resto de las aventuras de este personaje. No paré hasta que mi tía Maruja me consiguió un Don Quijote de la Mancha para niños y me lo leí enterito, aunque tenía palabras que no comprendía muy bien. En ese momento, me gustó que el libro tuviera adentro muchas historias diferentes. Cuando lo leí de grande y lo tuve que enseñar en la facultad también era eso lo que más me gustaba: además de los líos en que se metía don Quijote, las historias que le contaban las personas que encontraba en su camino.

¿Cómo se te ocurren las historias?
Cualquier cosa, desde la más ridícula y chiquita me inspira... Algo gracioso que hacen o dicen mis hijos o sus compañeros, alguna frase que escucho, algo que veo en la calle. Sin ir más lejos, un compañero de mi hijo que iba a todos los cumpleaños de la salita con su traje de Superman me inspiró hace tiempo el cuento Juan Ignacio Superman.

¿Cómo hacés para escribir?
Trato de escribir todos los días, por las mañanas, que es cuando estoy más fresca. Pero también puedo escribir en cafés, o al borde de la pileta de natación, llena de gente. También depende de qué esté escribiendo. Si se trata de una novela, como primero desarrollé el plan hasta el final y sé bien hacia dónde voy, me propongo escribir cinco buenas páginas por día en la compu. Si es un cuento o un libro álbum, la idea la voy madurando durante varios días, tomando apuntes sí, pero sin escribir una sola oración del texto. Las mejores ideas se me ocurren mientras plancho, ¡es increíble! o bajo la ducha. Si escribo poesía, uso libreta y escribo a mano y tacho horrores y leo mucho en voz alta para corregir.

Larga y oficial

Cecilia Pisos Cecilia Pisos es Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires (UBA, Diploma de Honor). Ha sido docente en las cátedras de Retórica, Literatura Inglesa y Literatura Española II y auxiliar de investigación en el Departamento de Investigaciones Filológicas de la Academia Argentina de Letras. Realizó estudios sobre la lírica del Siglo de Oro (CONICET- Instituto de Filología Hispánica, UBA) y publicó artículos en revistas de la especialidad. Ha finalizado además, una Especialización en Gestión Cultural y Políticas Culturales (Universidad Autónoma Metropolitana-OEI- Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México, Medalla al Mérito).

Desarrolló tareas de autoría, coordinación y edición para diversas publicaciones y editoriales, dedicándose especialmente a los libros escolares y a la literatura infantil y juvenil. Ha sido asimismo responsable por la Argentina ante la Coedición Latinoamericana de Libros para Niños y Jóvenes (CERLALC-UNESCO).

Dirigió el mini-site de literatura Zona de Letras, del portal del Ministerio de Educación, educ.ar .
Publicó las series Los Requetelibros 1, 2 y 3  y Panzarriba 1, 2  y 3 para primer ciclo de la educación primaria y es coautora de Proyectos con todos, que obtuvo Mención Libro de Educación de la 31ª. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en 2005.

Coordinó, junto con Istvansch el curso de Literatura Infantil y Juvenil Alas de ida y vuelta en la escuela de escritores Casa de Letras y actualmente dicta cursos de capacitación docente y talleres en la escuela virtual de escritura Entrepalabras. Es autore de más de 80 libros para niños y jóvenes. Su poesía se puede leer en Las hadas sueltas, Las brujas sueltas, El libro de los hechizos, Una pregunta por punta, El pájaro suerte, Soplacoplas, En la soguita de un verso. Entre sus cuentos y novelas para chicos, publicados en Argentina, Ecuador, México, España, Alemania  y Francia se encuentran: Maus y el ratón tigre, Un cuento por donde pasa el viento, El té de la princesa, No te acerques a este libro, Querida autora, La máquina de hacer los deberes, Primer susto, Rey de golosinas, ¡Invadido! y La memoria del vampiro..

Con ¿Te lo cuento otra vez? (publicado en Ecuador), en el que relata de treinta maneras diferentes una misma historia, resultó finalista del Concurso Internacional de Literatura Infantil “Julio C. Coba”. Como si no hubiera que cruzar el mar fue preseleccionado por el jurado del Certamen de Narrativa Infantil y Juvenil en los Premios Literarios Jaén 2003 (España), El té de la princesa fue finalista del concurso Barco de Vapor- Argentina en 2004 y Esto no es una caja, en el mismo concurso en 2011;  Un cuento por donde pasa el viento integró la lista de seleccionados de Alija 2005 y San Valentín de los dientes fue título recomendado en 2010 por la sección mexicana del IBBY. Con Cartón y papeles ganó el Premio de Cuento de “Los Niños del Mercosur” en 2011. El libro de los hechizos y Como si no hubiera que cruzar el mar integran la lista 300 libros iberoamericanos para niños y jóvenes recomendados por el Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación de Argentina. Mar cruzado, publicada como libro en 2013, fue la primera experiencia de novela en formato blog para jóvenes, realizada con editorial Alfaguara (Santillana). Una taza de duendes y Tablet integran la lista de libros publicados en Iberoamérica y Estados Unidos, recomendados por la Fundación Cuatrogatos (2016-2017)y con el poemario Esto que brilla en el aire se hizo acreedora al Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños (2016).

En inglés

Cecilia PisosCecilia Pisos was born in 1965 in Buenos Aires, Argentina. She studied at the Universidad de Buenos Aires (UBA) and in 1989 obtained two degrees, Bachelor of Arts (Literature) and Literature professor. She taught Rhetoric, English Literature and Spanish Literature of the Golden Age at the same university. She was a researcher at the Philological Department of the Academia Argentina de Letras (the Argentinean branch of the Real Academia Española) and she won a bourse for a doctoral scholarship by the National Council of Science and Technology (CONICET) to study several aspects of the Spanish Golden Age lyrical genre at the Hispanic Philology Institute (Universidad de Buenos Aires).

She has lately completed a postgraduate diploma on Cultural Policies and Cultural Management (2005) at the Universidad Autónoma Metropolitana (in partnership with the Interamerican States Organization and the National Council for the Culture and Arts) in México.

From 1993 to 2000 she worked as an editor specialized in books for school and children and young adults literature. She also was the chief editor of Revista Educable, an educational magazine aimed to elementary and high school teachers.

During that time, she was the Argentinean editor in charge of the project of the Latin American Coedition of Books for Children and Young Adults, program lead by the Regional Center for Book Development in Latin America and the Caribbean (CERLALC-UNESCO).

She developed and coordinated several literary workshops both for adults and children in different educational centers. In 1995 she published her first poetry book, Como palabras educadas, with the aid of a grant from the Antorchas Foundation.

In 2000 she was appointed as general coordinator of the literature section Zona de Letras within the Argentinean Ministry of Education website.
From 2001 onwards she has entirely devoted her time writing for children, visiting schools and teaching poetry to teachers.

Books
As an author, she has published two series of language text books, Los Requetelibros y Panzarriba, for the first cycle of the elementary school, as well as the teacher's manual Projects for everybody, based on project work at the homeroom class (which received an award from the Buenos Aires Book Fair Prize for Educational Books in 2004).
She has published more than 70 books for children and young adults in Argentina, México, Spain, Ecuador, Germany and other countries.
Among her poetry books are: Las hadas sueltas, Las brujas sueltas, Un rey con 99, Dragones o pajaritos , El libro de los hechizos; El pájaro suerte, Una pregunta por punta, En la soguita de un verso, Nube de corazón, Soplacoplas.
Among her short story books and novels are: Maus y el ratón tigre, Un cuento por donde pasa el viento, Como si no hubiera que cruzar el mar, Rompecabezas, El té de la princesa, No te acerques a este libro, Salsa de cuentos, Juan Ignacio Superman, Dominó, Una escoba para cada cosa, Las cajas mágicas, Mientras dura el hechizo, Basta para mí, basta para todos, y Las termitas invasoras; San Valentín de los dientes, Mar cruzado, Querida autora, La máquina de hacer los deberes, Yo, mi perro, Primer susto, Esto no es una caja.

Recognitions/Prizes

  • ¿Te lo cuento otra vez? (published in Ecuador), where she retells the same story in 30 different ways, received a special recognition at the International Prize of Children’s Literature "Julio C. Coba", 2003.
  • The novel Como si no hubiera que cruzar el mar (published both in Argentina, Bolivia and México) won an award at the Jaén Literary Prize for Young Adult Fiction, 2003 (Spain).
  • El té de la princesa was shortlisted in the SM-Barco de Vapor Prize, 2004 (Argentina).
  • Un cuento por donde pasa el viento was selected by ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina, Argentinean chapter of the IBBY) as one of the best books published in Argentina in 2004 (short story category).
  • San Valentin de los dientes was selected in 2010 as one of the best books of 2009 by the Mexican IBBY chapter.
  • Como si no hubiera que cruzar el mar y El libro de los hechizos were two of the 300 books in the 300 lberoamerican Books list for children and young adults selected by the Argentinean Ministry of Education in 2011.
  • Esto no es una caja was shortlisted in the SM-Barco de Vapor Prize, 2011 (Argentina).

Con varita

sapo

Nací un poquito antes de la primavera cerca de un parque inmenso. En ese parque había un ombú de raíces gordas, que yo trepaba e imaginaba como un elefante para viajes lejanos. Cada vez que tenía que volver a casa, me llevaba la magia del parque en una rama, mi varita. Ahora sigo esa magia con un lápiz del que salen parques, elefantes y varitas cada vez que me siento a escribir.

Para cuaderno de clase

sapo

Cecilia Pisos nació en 1965 en Buenos Aires, Argentina. Es Licenciada y Profesora en Letras y autora y editora de libros escolares y de literatura infantil y juvenil.
Entre sus libros se destacan: *
*Copiá los tres títulos que más te gusten y con eso va a estar bien para tu seño.

Entrevistas

Entrevista radial realizada por Mariano Oropeza y Mario Caira en el programa Caira quien Caira (FM 92.3) del 9 de mayo de 2017, emitido desde el stand de "El Ateneo" en la 43 Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Entrevista de Rossana Peveroni publicada en La Diaria de Uruguay (jueves 17 de noviembre 2016)

Entre la poesía y el pedo de la princesa

Cecilia Pisos (Buenos Aires, 1965) es una escritora argentina con una obra vasta y diversa, en la que se destacan sus libros de poesía. Recientemente fue galardonada con el Premio Iberoamericano de Poesía para Niños que otorga el Fondo de Cultura Económica, por su libro Esto que brilla en el aire. Ha estado siempre vinculada con las letras, desde perspectivas diferentes: como académica, como editora, como escritora, como docente, en la reflexión en torno a la formación de lectores. la diaria conversó con ella antes de su visita a Montevideo para participar en el Filbita, donde dará dos talleres: el viernes uno para docentes y mediadores, y el sábado otro para niños.

Rossana Peveroni: La edición de este año del Filbita invita "a pensar en las relaciones entre literatura y las migraciones". En tus novelas Como si no hubiera que cruzar el mar (2005) y Mar cruzado (2013) abordás esa cuestión. ¿Qué tiene para aportar la literatura infantil y juvenil en un tema que evidentemente tiene tanto que ver con nosotros?
Cecilia Pisos: La de la literatura es una mirada muy distinta de la que los chicos reciben de los textos de historia o de ciencias sociales, en los que ven números, estadísticas generales, fenómenos globales. Lo que hace la literatura es ponerles carne a esas historias por medio de los personajes. Así, el lector asiste a lo que sucede en la cabeza de los protagonistas; de los que se van y de los que se quedan. Se aproxima a lo que sienten, y de ese modo es posible que comprendan lo que sucede en esos procesos, y también que los que experimentan situaciones similares se sientan identificados y quizá acompañados. Si bien mi libro tiene que ver con la crisis de 2001 [en Argentina], y trata un caso de migración por motivos económicos, lo crucé con la inmigración europea de principios del siglo XX, en la que además de las causas económicas había también otras, como las guerras. Una manera de acercar esa sensación de ser el otro, de ser el último en llegar a la escuela, de ser el nuevo, es darles a los lectores el ejemplo de mudarse de barrio, de cambiarse de escuela; esas también, de alguna manera, son migraciones, en las que uno se cuestiona su identidad en la medida en que tiene que integrarse a un grupo que ya tiene un perfil o una identidad propia.

RP: Mar cruzado lo presentaste primero en un blog.
CP: Mar cruzado es la vuelta de Carolina. Como si no hubiera que cruzar el mar estuvo inspirado en un viaje mío al exterior con mi familia. La editora siempre me decía que tenía que escribir la vuelta, pero yo no podía hacerlo, y de hecho no pude hasta mi regreso. Mar cruzado comienza con el padre diciendo: "Volvamos a casa". Para él, "casa" es la Argentina, mientras que Carolina, que ya tiene 16 años, cuatro más que en el viaje de ida, dice "pero para mí 'casa' es esto". En esa tensión que se produce, ella encuentra una manera de canalizar eso que tiene que hacer sí o sí, porque debe obedecer a sus papás. Es lo que pasa con los personajes adolescentes y con los adolescentes reales: tienen ya un sistema de creencias, sus propias opiniones, pero no son autónomos. La manera que ella encuentra de unir los dos mundos es virtual: empieza a escribir sus experiencias en un blog. La voz cantante de la novela la llevaba ella en el blog, mientras que los personajes iban comentando; el lector tenía que constru ir lo que estaba pasando. Se publicaban dos capítulos por semana, y los lectores podían incorporarse comentando a la par y con el mismo estatus que los personajes. Algunos se compenetraban con la historia y hablaban con los personajes, les decían lo que tenían que hacer, mientras que otros se mantenían por encima de ese plano de la ficción y se dirigían a mí.

RP: Mañana en el Filbita vas a hablar de la formación de lectores, bajo la consigna "no se trata de vivir para leer, sino de leer para vivir"...

CP: "¡Que hasta las piedras lean!". Voy a hacer un taller; si bien llevo bastante soporte teórico, va a ser una aproximación teórico-práctica. Uno de los temas que me apasionan en este momento es cómo hacer que los chicos entren a la lectura de por vida. La idea es pensar desde dónde la escuela puede sumar a los padres, desde dónde puede sumar a la comunidad para que no todo quede asociado a la institución. Si bien tenemos la suerte de que la literatura está bastante presente en las escuelas, creo que hay que desescolarizarla, aunque suene paradójico. Los planes de fomento de la lectura apuntan a sujetos cautivos: los niños en la escuela. Pero los más difíciles son los papás, y están más difíciles ahora por el modo en que se dan las relaciones entre chicos y adultos, por las pantallas que interfieren, incluso por la ausencia de esa relación tan linda que se daba antes entre abuelos y nietos, que se ha deteriorado porque los chicos tienen un montón de actividades y los abuelos son más juveniles y tienen sus agendas propias. Se está perdiendo lo que tiene que ver con la literatura oral: las cosas que nos cantaban los abuelos, las adivinanzas, las coplas, los trabalenguas. Eso dificulta el disfrute de la poesía, porque antes los chicos venían con ese bagaje de las casas, y uno construía a partir de ahí el lenguaje poético, la sonoridad, etcétera. Ahora hay que trabajar a partir de antologías escritas. Otra cosa que se está perdiendo, sobre todo en los más chicos, son los períodos de atención. Esto lo he observado y conversado con maestros, con otros autores, con narradores. Los más pequeños tienen muy reducido el período de atención, es algo muy notorio. A veces ni siquiera resisten un cuento corto si se les propone escucharlo sin un soporte de imagen. Enseguida dicen: "A ver...". Yo creo que es una cuestión en la que se puede educarlos. En muchas escuelas hay bibliotecarias con muy buena intención que se chocan con docentes que están muy preocupados por el cumplimiento de la currícula pero no le destinan tiempo a la lectura. Simplemente la lectura. Si vos les leés todos los días un cuento, los vas acostumbrando a ese momento de tranquilidad, en el que suena la palabra y podés imaginar. Si no lo hacés, no sucede.

RP: Y el sábado vas a hacer un taller de poesía dirigido a niños, "Nube con forma de nube".
CP: Este año saqué un libro con ese título. Las nubes son como la palabra poética: vos decís "rosa" pero capaz que estás diciendo "boca", y las nubes son gotitas de agua pero a la vez son un dragón, un elefante, un pajarito. Vamos a trabajar en torno a la mutación de los significados y de las nubes, a dibujar, a leer; veremos qué sale.

RP: En varios de tus libros recorrés el universo de la fantasía y los seres que conforman la imaginería de los cuentos tradicionales: hadas, brujas, ogros, dragones, duendes, princesas. ¿Te propusiste un abordaje abarcativo o fueron surgiendo?
CP: En parte hice ese recorrido por gusto, pero también es cierto que uno no maneja completamente la dirección que lleva la obra. El primer texto que publiqué para chicos fue Las hadas sueltas [2002], que publiqué con Canela [la escritora y editora ítaloargentina Gigliola Zecchin] en Sudamericana. Le fue muy bien -una cosa un poco rara, porque la entrada de la poesía a las escuelas suele ser algo muy temido-, y Canela me propuso hacerles la contra a las hadas: las brujas. Después vinieron solos los ogros, los dragones, el libro de los hechizos. Fue una manera de aproximar a los niños a la poesía por intermedio de esos personajes que les gustan mucho. Son libros que se siguen leyendo, tienen varias generaciones de lectores. Siempre tiño a estos personajes de cotidianidad. No me gustan las princesas acartonadas. La protagonista de Nube de corazón [2011], por ejemplo, está tan agobiada por los protocolos de la corte que al final, cuando se libera y se pone a bailar en una fiesta de palacio, hace una reverencia y se tira un pedo. Hay una intención de desacartonar al personaje, de desestereotiparlo. Ese cuento lo leí por primera vez en una Feria del Libro de Buenos Aires. Todas las nenas estaban encantadas haciendo los movimientos de la princesa mientras yo lo iba recitando acompañando con el cuerpo, y cuando llegamos a ese momento hago la reverencia y digo lo que le pasó a la princesa, ellas se quedaron congeladas porque no querían hacer eso. Fue un shock y enseguida vino la risa. Pero la risa de los papás no vino: estaban molestos por esa palabra.

RP: Este año ganaste el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños que otorga el Fondo de Cultura Económica. Un premio que recibió la uruguaya Mercedes Calvo en 2008, y que el año pasado se llevó otra argentina, Laura Escudero. Hace unos días, el escritor Germán Machado hacía hincapié en la calidad de la poesía para niños que se está escribiendo en Argentina.
CP: Un especialista de la Universidad de Zaragoza dice que la poesía para niños es la Cenicienta de la Cenicienta... Hubo una especie de florecimiento de la poesía a raíz de que hace unos tres años el Plan de Lectura hizo una convocatoria a las editoriales para los géneros más desfavorecidos, entre ellos la poesía. Las editoriales se vieron compelidas y hubo una reacción de "hay que sacar poesía porque van a comprar poesía". Lo bueno fue que eso puso al género en un lugar un poco más favorable: salieron muchos libros, algunos buenos y otros no tanto. Creo que la poesía encuentra ahora su lugar no en las editoriales grandes, que tienen las colecciones tradicionales que van al aula, sino en otras más chiquitas, más exquisitas, como Pequeño Editor o Calibroscopio, entre otras, porque trabajan una estética integral del libro y la poesía se presta mucho para ese juego. A eso se suman estos premios. Hay varios premios de poesía que es interesante seguir, porque marcan los caminos de lo que se está editando en toda América Latina. Además del que otorga el Fondo de Cultura Económica, está, por ejemplo, el Ciudad de Orihuela, de [la editorial gallega] Kalandraka, en el que Nube con forma de nube fue finalista en 2011, y luego decidieron publicarlo. En América Latina son más reacios, mientras que en España están más dispuestos a publicar poesía, sin tantas vueltas.

RP: En tu poesía hay una mirada atenta a la maravilla de lo pequeño, de lo cotidiano, se evidencia una relación peculiar con la naturaleza por medio de una observación atenta. ¿Podría decirse que la poesía es ese foco que amplía lo que está ahí y parece no tener importancia?
CP: Esa es la función de la poesía, de algún modo. Ese ojo miope. Detenerse en lo que los demás no se detienen. Cuando ves jugar a un bebé, la más ínfima miguita vos no la ves pero él sí, y la está agarrando. Es ese ojo. El de decir "pará: mirá esto". Mirá cómo le da la luz a la hoja. Es algo que no se repite, que está acá, que es único. Dura nada. Miralo. Es eso. Poner la lente en esas cosas, detenernos. Hay un autor que habla del imperialismo del relato. Vivimos cercados de relatos: los videojuegos son historias, la tele son series que son cadenas de historias, los noticieros nos cuentan historias, vas al psicoanalista y le contás tu historia. Lo que tiene la historia es que te va llevando en su trencito y vos hacés un camino en el tiempo. La poesía, en ese mismo tren, te obliga a parar en cada estación. Es otro modo de funcionamiento de la cabeza. Está bueno poder manejar la cabeza en los dos modos y setearse en uno o en otro.

RP: A lo largo de tu carrera te has vinculado con la literatura desde distintos lugares: como académica, como editora, como escritora. ¿Se han complementado esas miradas?
CP: No es que una elija mucho: la vida te propone y te va llevando. Fui yendo de un trabajo al otro, siempre vinculada con los libros y con la gente, incluso en el trabajo académico, porque daba clase. La verdad es que esas cosas se van intersectando. Por ejemplo, al escribir un libro lo corrijo con mirada de editora, y las editoras quedan chochas. Por otra parte, me gusta mucho compartir las cosas que escribo y que descubro, y por eso me atrae la docencia. Si bien es cansador y me quita tiempo para escribir, vincularme con personas a través de los libros es muy placentero.

Entrevista de Mario Méndez en la Librería La nube en el marco de los "Encuentros con escritores de Literatura Infantil y Juvenil" (abril 2015) : Primera Parte

Cecilia Pisos:"Si uno encara la poesía de la misma manera que encara una historia, está frito."

De cómo la vida nos sorprende, de cómo el camino se va haciendo en una dirección inesperada, de la vocación infantil por la poesía y el amor por la literatura, de todo eso habló Cecilia Pisos en la charla con Mario Méndez. Contó cómo su interés académico se transformó en su actual labor como escritora y editora, cuáles fueron sus primeros pasos en la escritura de textos infantiles y sus referentes en ese ámbito; habló acerca de las modas, los lineamientos editoriales, las exigencias docentes y escolares en cuanto a la producción de los textos y su presentación, entre muchos otros temas. Libro de arena publica la entrevista a la escritora, realizada en La nube, el 27 de abril último, como parte de los "Encuentros con escritores de Literatura Infantil y Juvenil" del ciclo organizado por el Programa Bibliotecas para armar. El viernes próximo saldrá la segunda parte.

Cecilia Pisos Mario Méndez: Buenas tardes. Gracias por venir. Empiezo como siempre, pidiendo un merecido aplauso para nuestra entrevistada, Cecilia Pisos… (Aplausos). Y también, como siempre, empiezo leyendo la biografía, porque vale la pena contarla antes de entrar en la charla. Cecilia Pisos es Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Ha sido docente de las cátedras de Retórica en la Facultad de Psicología de la UBA, Literatura inglesa y Literatura Española II, en la carrera de Letras, también de la UBA, y Auxiliar de Investigación, en el Departamento de Investigaciones Filológicas de la Academia Argentina de Letras. Realizó estudios sobre la lírica del Siglo de Oro, con beca del CONICET, en el Instituto de Filología Hispánica de la UBA. Y publicó artículos en revistas de la especialidad. Ha finalizado además una especialización en Gestión Cultural y Políticas Culturales en la Universidad Autónoma Metropolitana, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México. Desarrolló tareas de autora, coordinadora y editora para diversas publicaciones y editoriales, dedicándose especialmente a los libros escolares y a la literatura infantil y juvenil. Ha sido, asimismo, responsable por la Argentina de la Coedición Latinoamericana de Libros para Niños y Jóvenes de UNESCO. Coordinó talleres de poesía para niños, adolescentes, y adultos en diversas instituciones. Y sus poemas para adultos han recibido premios en varias oportunidades. Su libro Como palabras educadas, fue publicado por Ediciones de Tierra Firme a través de un subsidio de la Fundación Antorchas. Produjo y dirigió también el site de Literatura, Zona de Letras, en el portal del Ministerio de Educación. Publicó las series: Los Requetelibros 1, 2 y 3 y Panzarriba 1, 2 y 3 para primer ciclo de la Educación Primaria. Y es coautora deProyectos con todos, premiado en la Feria del Libro de Buenos Aires. Su poesía para niños puede leerse en Las hadas sueltas, Las brujas sueltas, Un rey con 99, Dragones o pajaritos, Todos los ogros, El libro de los hechizos, Una pregunta por punta, El pájaro suerte, En la soguita de un verso, Soplacoplas… Y entre los cuentos y novelas, publicados en Argentina, Ecuador, México, España. Alemania, se encuentran Maus y el ratón tigre, Un cuento por donde pasa el viento, Rompecabezas, El té de la princesa, El rock de la princesa, No te acerques a este libro, Salsa de Cuentos, Dominó, Una escoba para cada cosa, Las cajas mágicas, Mientras dura el hechizo, ¡Basta para mí, basta para todos!, Las temitas invasoras, Yo, mi perro, Querida Autora, La máquina de hacer los deberes, y las series de aventuras de Juan y Superfido y Ufagenial. Con Te lo cuento otra vez, en el que relata de treinta maneras diferentes una misma historia, resultó finalista del Concurso Internacional de Literatura Infantil Julio Coba, Ecuador. Como si no hubiera que cruzar el mar fue seleccionado por un jurado internacional en los premios de Jaén en 2003, El té de la princesa fue finalista del Premio Barco de Vapor, en Argentina en 2004, y Esto no es una caja, en 2011. Un cuento por donde pasa el viento integró la lista de seleccionados de ALIJA en el 2005, y San Valentín de los dientes fue título recomendado en 2010 por la sección mexicana del IBBY. Mar cruzado, publicado como libro en 2013, fue la primera experiencia de novela en formato blog, para jóvenes, realizada por Alfaguara. Mucho. ¿No? Vamos a empezar por varias. Tenemos muchas puntas para tirar. Se habrán dado cuenta de que al principio, cuando leí la parte de la investigación académica de Cecilia, que fue investigadora del CONICET, que ha trabajado en la Academia Argentina de Letras, es bastante original conjugar esa parte de la investigación con algo de lo que nos venimos quejando los autores de literatura infantil y juvenil, que es la poca cabida en la parte académica. ¿Cómo pudiste conjugar eso?

Cecilia Pisos: En realidad, no lo conjugué, se fueron dando así las cosas. Cada vez estoy más convencida de que hay cosas que la vida las decide por uno. La verdad es que yo pensaba dedicar mi vida a las investigaciones académicas y a la docencia universitaria. Esa era mi planificación cuando estaba terminando la carrera de Letras. Y como me había gustado mucho Literatura Española ll, que es la que corresponde a las obras del Siglo de Oro, intenté insertarme en la cátedra, en las investigaciones que estaban en curso en ese momento. Y me presenté a las becas de CONICET, donde me dieron directamente una beca de Perfeccionamiento. Con eso, al no otorgarme la beca de iniciación previamente, me quitaron como dos años de investigación. Entonces, tenía que apurarme mucho. Hay que investigar, hacer cursos, escribir artículos… En ese momento no tenía dinero, no podía viajar a España, y había solo cuatro personas más trabajando sobre el mismo libro que yo, que era Las Rimas Humanas y Divinas del Licenciado Tomé de Burguillos de Lope de Vega. Un libro de 1634, en el que Lope se presenta como editor o antologador de los poemas de este alter ego o heterónimo que crea, Tomé de Burguillos.

MM: Cuatro personas en el mundo…

CP: En el mundo, sí. En España, en Estados Unidos y yo, en Argentina. A contrapelo de la cátedra, porque en ese momento eran todos gongorinos. Yo era la única lopesca. Cuando terminó esa beca, presenté mi informe, una cosa gordísima, había investigado un montón, había logrado escribir algunos artículos que publicó la revista Filología, estuve en un par de congresos, acá, en Argentina, pero no podía ir a ningún otro lado. Y en ese momento, se dieron algunas de esas cuestiones que a veces se dan entre quien te evalúa y quien te presenta o es tu tutor, y me dijeron que ahí, más o menos, se terminaba la cosa con la beca. Que el trabajo estaba muy bien, pero que me faltaban cursos, antecedentes para la siguiente etapa antes de la entrada en la carrera de investigador… Podía presentarme pero no tenía mucha chance. Me acuerdo de que estaba con la persona que me decía eso en el CONICET, yo tenía la cara cada vez más roja, las lágrimas a punto de saltar, y la señora me decía que no era grave, que quizá estaba escrito que yo tenía que hacer otra cosa. Yo estaba indignada, y le dije que ella no podía saber que era lo que yo tenía que hacer o dejar de hacer. Me fui. Y la verdad, es que ahora, mirándolo retrospectivamente, tenía toda la razón del mundo esta mujer. Así que cada vez me resisto menos a las cosas, que pase lo que pase. Y ahí empezó mi vida editorial, no de escritura porque yo venía escribiendo poesía desde los ocho años. Para mí, la literatura era la poesía. Publiqué mi primer poema en Clarín a los dieciséis años. Fue muy gracioso, porque lo mandé de puro kamikaze; yo iba al taller de poesía de la SADE de Osvaldo Rossler. Era la más jovencita, era un taller para adultos. Me llevaba mi mamá, era en 1980. Estábamos en plena dictadura, y la SADE tenía vigilancia abajo, en la puerta. Mi mamá esperaba afuera, porque no quería dejarme ir sola a la SADE, porque no sabía qué podía pasar. Rossler era bastante temperamental, su taller de poesía era el menos conservador de la SADE. Y ese año, se me ocurrió mandar un poema que había hecho en el taller al suplemento de los jueves de Clarín. Estaba Fernando Alonso como secretario de redacción, y me mandó una carta que tengo, mecanografiada, en la que me decía que me querían conocer porque el poema les había gusto mucho. Yo creo que querían cerciorarse de que yo fuera la autora del poema. Fui, conocí el diario, y me dijeron que lo iban a publicar el jueves siguiente. Imagínense que ese jueves, a las cinco de la mañana estaba al lado del kiosco de diarios, esperando. Y cuando llegué a la página del suplemento cultural y lo vi publicado, de alguna manera se selló la cuestión.

MM: Verse en letra de molde…

CP: Y poesía, que es una costumbre que tenían antes los diarios. Publicar poesía. Ahora no la publican.

MM: Es cierto. Y ¿cómo llegaste a la literatura infantil?

CP: Yo había hecho la carrera de Letras. Después de esa cuestión del CONICET, era la época en la que me iba a casar y me había quedado sin trabajo. Tenía la cátedra en la facultad, pero con eso no podía hacer mucho. Empecé a buscar trabajo otra vez, y fui a las editoriales. Yo quería hacer algo relacionado con Letras. Estuve un mes como secretaria del directorio de Kapelusz, pero la cuestión de ser secretaria de los directores no tenía mucho que ver con los libros. Yo había mandado mi currículum a todas las editoriales a las que se me ocurrió, hasta que me respondieron de Hyspamérica, que lamentablemente, en el momento en que yo entré, se estaba yendo a pique. Entonces me fui a trabajar a Avellaneda, arriba de la planta, de la imprenta, que es adónde habían puesto las oficinas de ediciones. Aprendí un montón de cosas ahí. Porque nosotros estábamos arriba, editando, y abajo estaban imprimiendo. Y eso era muy interesante, y muy lindo. Ahí éramos muy poquitos, estaba un chico en el archivo fotográfico, que era impresionante, con miles de copias del Archivo General de la Nación. Ellos querían reducir una obra del equipo de Félix Luna que habían sacado anteriormente, a fascículos, para acompañar el diario Crónica. Ahí aprendí un montón de historia y de fotografía, y aprendí un montón de cosas sobre edición, sobre la marcha. Y lo que descubrí, fundamentalmente, fue que yo quería hacer libros para que le llegaran a la gente. Porque lo que me pasaba con lo de Lope de Vega era que solamente le interesaba a cuatro personas y quizás, a algunas pocas más… Empecé a editar esos fascículos, unos libros chiquitos de historia argentina, que salían con el diario. Y un día en el subte, sentado enfrente de mí había un señor muy humilde que tenía el diario Crónica con el librito. Yo era muy escéptica con ese proyecto en ese momento. Pensé que el señor iba a dejar el librito y se iba a poner a leer el diario. Y no. Para mi sorpresa, dejó el diario a un costado, y se puso leer el libro. Yo estaba sentada frente a él, y me dije: "Esto es comunicación". Para mí, los libros, la literatura, tienen que ver con la comunicación. Que al lector le pase lo que sea, que le guste, que no le guste… Pero que se produzca una conexión. Ahí me apasioné por la edición. Si yo no me dedicara casi exclusivamente a escribir, en este momento estaría editando, tendría ese oficio, como lo tuve durante casi diez años.

Cecilia Pisos MM: Este fin de semana salió un trabajo dedicado a dos grandes editores, en la Ñ. Uno de ellos era Roberto Calasso, que decía que el de editor es uno de los trabajos más lindos del mundo. Pero todavía no llegamos a la literatura infantil.

CP: Cuando Hyspamérica se terminó de ir a pique dos años después, nos fuimos a pique todos los que trabajábamos ahí. Como me veía venir la debacle, yo había empezado a repartir mis datos, y en ese momento me llamaron de Aique. Estaba cerca de Parque Centenario. Fui, y empecé como editora. Tenían un editor para primaria y otra editora para secundaria, y yo era la editora de "proyectos especiales". Entonces, me caía cualquier cosa. Edité inglés, periodismo, una revista, aprendí el oficio. Une vez que cumplí unos años ahí me especialicé en Primer Ciclo, y empezaron a darme todo ese material a mí. Ahí empecé a leer obras de literatura infantil. Justamente, el último proyecto que hice en Aique fue adaptar la colección "Sopa de Libros" de Anaya, a una edición local. Salieron dos libros y el proyecto quedó un poco trunco hasta que la editorial lo retomó muchos años después. Ahí la conocí a Graciela Cabal, a Esteban Valentino, a Laura Devetach… Ese proyecto fue mi primer contacto, en los '90, con la literatura infantil.

MM: Directamente por el lado editorial…

CP: Sí.

MM: Porque en general, para el mundo de Letras, de la academia, no hay ninguna conexión.

CP: Ahora puede haber un poquito más. Puede haber cátedras que se ocupan, o seminarios… La gente de Jitanjáfora en Mar del Plata, la gente de la Facultad de Humanidades en la Universidad de La Plata.

MM: Pero cuando vos egresaste de Letras era inexistente.

CP: Sí.

MM: Y de joven o adolescente, ¿habías leído algo de literatura infantil o juvenil?

CP: Como lectora, por supuesto María Elena Walsh y Elsa Bornemann, y alguito de Laura Devetach. Recuerdo el cuento de La planta de Bartolo, que me lo dieron a leer en la primaria, en tercer grado, en 1974, y me pareció maravilloso, muy diferente de todas las demás cosas que nos hacían leer en la escuela. Pero fue debut y despedida; eso se acabó. Ya en la secundaria, leí literatura española, medieval, argentina. Me acuerdo de que mi papá era amigo del director de Plus Ultra, y cuando yo estaba en quinto año, me consiguió un ejemplar del manual que había sido censurado, que tenía textos de Borges, de Cortázar… Y entonces yo tenía el que nos habían mandado a comprar en la escuela, y tenía el censurado. Y veía las diferencias…

MM: Somos del mismo año, y me acuerdo de que tenía una profesora de Literatura, que nos leyó uno de los cuentos menos comprometidos de Cortázar, y nos aclaró que ella era de derecha pero nos leía a Cortázar. No dijo "de derecha". "Yo soy de acá", dijo, y levantó la mano. Y nos leyó "La isla a mediodía". Igual, ya era el '83 y estábamos llegando a la democracia. Vos trabajaste en Aique, como editora de libros de texto, y obviamente, como autora de poesía y de narrativa infantil, tenés un contacto muy fuerte con la escuela. ¿Cuál es tu mirada de esto que llaman "la literatura complementaria", la que circula por la escuela?

CP: Creo que hubo un cambio muy grande. Cuando nosotros íbamos a la escuela, todavía había libros de lectura, que a mí me encantaba leer, pero uno se quedaba siempre con las ganas, porque era un fragmentito. No está mal la idea de las antologías; yo no estoy en contra de las antologías porque sirven para conocer autores. Pero a veces, por la forma en que están hechas, son una especie de mutilación. Creo que la escuela, ahora, les hace leer a los chicos cuatro o cinco libros enteros por año, y quisiera saber si todos los papás de los chicos leen esa misma cantidad de libros. Porque esa es la gran discusión que sostengo en este momento y el gran enojo que tengo, a veces. Los maestros se pusieron las pilas, los bibliotecarios también, los chicos están leyendo pero, ¿cómo es el rebote en las casas? ¿Qué pasa cuando los chicos llegan a sus casas? Creo que habría que trabajar, quizá desde la escuela… ¿Pero la escuela tiene que seguir cargándose de tarea? Para mí, lo que hay que hacer ahora es llegar a los padres a través de los chicos y hacerlos leer. Creo que hay un camino que se recorrió y que tenemos muchos autores, ilustradores, editores… Ahora hay editoriales de todos los pelajes. En la literatura infantil hay mucha mediación oral, muchos especialistas. Es un campo muy nutrido. Casi ningún país de América Latina tiene esto. No hay tanta variedad. Yo viví en México, y viví en Canadá. Y en México, aunque la población escolar es mucho más grande que la nuestra, hay menos autores locales; en general, en los catálogos uno ve que importan autores muchas veces. Yo estuve entre el 2004 y el 2006, y estaban empezando con la idea de las visitas de los autores a las escuelas, como una cosa ultranovedosa.

MM: Coincido con vos. En Latinoamérica, la Argentina es el país con más cantidad de autores, por lejos, y la cantidad de editoriales, también. Uno de los últimos que leí, de los muchos tuyos que por suerte he leído, es Yo, mi perro, que está publicado por una editorial muy pequeña. Eso ya me mueve a una primera pregunta. Vos estás publicada en Alfaguara-Santillana, en SM, en Edelvives, en Sudamericana… ¿No tenés problema con abrir a pequeñas editoriales?

CP: Es un poco lo que decía antes, uno va haciendo lo que puede. No es algo que uno pueda planificar. Convengamos que hay muy pocos autores exclusivos de una casa editorial. Contados con los dedos de una mano. Todos los demás tenemos que ir viendo qué hacemos con los libros que escribimos. Y la verdad es que la experiencia es interesante con cualquier tipo de editorial. No hay que tener prejuicios. Uno a veces cree que una editorial grande puede hacer de todo, y a veces eso no sucede. Porque como es tan grande, mover los engranajes de la editorial por un solo libro es muy difícil. Quizá una editorial chica tiene diez libros, y como son los diez libros de los que va a vivir, los mueve más, y el libro que uno escribió tiene otra circulación. Como los circuitos son distintos, como los lectores son diferentes, a veces escribir para editoriales más chiquitas te da otra libertad. Podés proponer algo que en una editorial grande no puede darse, no porque el editor no quiera, sino porque ya tiene pautadas las colecciones que son de determinada manera… No es que los editores sean cerrados, todo lo contrario, pero las colecciones les vienen bajadas como son de la empresa. Esto lo digo porque me pongo del lado del editor, porque lo fui. Uno hace lo que puede con lo que tiene. Y trata de ser lo más creativo posible. Como autora, trato de no tener prejuicios.

MM: Acá bromeás mucho con las palabras que se pueden decir o que no se pueden decir en la escuela. En Yo, mi perro, ocurre esto que hemos visto en películas fantásticas. El chico se mete en el cuerpo del perro y el perro en el del chico. Los dos se entienden entre sí, pero salvo los animales, nadie lo sabe. Y aparecen cosas con la caca y con el pis que la escuela no puede incorporar. ¿Por qué será que la escuela se resiste a esto?

CP: Porque ensucia. (Risas). Les voy a contar una anécdota muy divertida, sin dar nombres. Una vez me llamaron para encargarme textos para manuales. A mí me gusta hacerlo porque es un ejercicio. Yo escribo mucho, a veces, cosas extensas, entonces, cuando me piden un texto de una carilla, me dispongo a hacer el ejercicio. A menos que el tema no me guste. Y me pidieron, entre otros, "un cuento con valores". Y a mi juego me llamaron. Por esos días, tenía un bebé con el que andaba con el cochecito por todas partes y pisaba caca a cada rato con las ruedas. Andaba híper furiosa por el mundo. Entonces escribí un cuento con valores pero con caca. Y esta fue la respuesta que me dieron en la editorial: "Sí, sí, tiene valores, pero además tiene caca. Y eso no puede ser porque cuando una maestra lo abra en un aula, va a causar revuelo". Los docentes aquí presentes me dirán si es verdad o no. Creo que el revuelo dura un ratito y luego se sigue adelante. Me decían que podía provocar un revuelo grande y perjudicar la imagen del manual. Ahí lo entendí, porque en un manual de trescientas páginas, mi cuento ocupa una página. Es lógico. No iban a jugarse. Igual, no me amilané y lo mandé a la revista Genios. Y como en las revistas los cuentos "andan por el viento", no quedan inmortalizados como en los manuales, me lo publicaron, y Pez lo ilustró. Después, lo publicó Antonio Santa Ana, ilustrado por Matías Trillo. Los dos ilustradores ilustraron la caca. Y nadie los retó.

MM: ¿Qué libro es?

CP: La caquita de ese perro está en No te acerques a este libro, de la colección Torre de papel. Y es un cuento que tiene un trasfondo más terrible, porque yo vivía a unas cuadras de una escuela para chicos ciegos. A la tarde veía como los chicos estaban con los maestros que les enseñaban a caminar. Y un día vi a uno de los chicos más grandes, que se tropezaba con una botellita y se caía. Y me dio tanta bronca que lo escribí por ese lado, quería crear conciencia de que no vivimos solos en la ciudad. En el cuento, uno de los personajes que está a punto de pisar la caquita de ese perro, además del viejito y de la madre con el cochecito es un nene ciego. Fue eso más que la caquita. Se me mezclaron las historias, se me cruzaron los cables. Y tengo varios textos con este tipo de palabras, porque soy provocadora. Y parece mentira pero aun hoy en día, hay ciertas ferias del libro escolares y ciertas escuelas, en las que ciertos libros míos que contienen ciertas palabras como "caca" o "pedo", un poco escatológicas, prefieren no mostrarlos. Otras, sí.

MM: Habrá que seguir…

CP: Yo insisto.

Asistente: Pero es algo lógico lo escatológico en los chicos.

CP: Es una liberación. El último así "explosivo" que tengo es la historia de una princesa, que está muy presionada por las obligaciones cortesanas, muy harta del protocolo tipo Palacio de Versalles, hasta que un día, por fin, se libera, sale a bailar y se le escapa un pedo. Me acuerdo de que lo leí por primera vez en la Feria del Libro Infantil, en un ciclo de poesía que se hizo y después nunca más estuvo, ¿habrá sido por este libro? (Risas). Y estaban las nenas delante de mí, repitiendo todos los gestos de la princesa que yo iba haciendo mientras leía. Hasta que recité una de las últimas estrofas: "Y en el final, parece, FlordeRosa,/ ganó confianza, perdió de todo el miedo./Tanto que, a despecho de su nombre,/ hizo una reverencia y… ¡salió un pedo!" Las chicas se quedaron quietas, congeladas un segundo, y después se mataron de la risa, yo seguí leyendo. Pero desde el fondo de la sala, los ojos filosos de las madres, no se los puedo describir… ¿Cómo "una autora de libros para niños ha dicho tal palabra delante de los inocentes pimpollitos?". Y verlas escritas a esas palabras, creo que es lo peor. (Risas) Tuve mi revancha con ese libro. (Risas). En una escuela de Carmen de Areco. Estaba presente la inspectora del distrito, y las maravillosas maestras de esa escuela, escenificaron el libro, y hasta una nena se levantó el vestido, y del vestido salió un globo de helio en forma de corazón que era claro, el pedo, "en carne y hueso". Yo estaba feliz pero miraba a la inspectora. Que después, al final, se rió. (Risas).

MM: Esa era una poesía, ¿no?

CP: Sí, es un poema narrativo que está en un libro ilustrado. Se llama Nube de corazón, a propósito. (Risas). Ese libro tiene trampa, con la editora hicimos trampa. Le propuse que estéticamente pareciera "de princesitas", rosado, con una delicada nube en forma de corazón en la tapa, que tiene su chiste después de haber leído el libro. En ese momento, me acuerdo que le pusieron unos brillitos también. Yo comprendo que hay mucha gente que se acerca a ese libro, y lo compra pensando que realmente es de princesas (risas), pero mi objetivo era otro: "descomponer" un poco la figurita de princesa para las nenas lectoras.

Cecilia Pisos MM: Calculo que muchos de ustedes hacen lo mismo que yo; cuando compramos un libro nuevo, lo olemos. Con este no se puede. (Risas). ¿Por qué hay escritores y escritoras que escriben poesía, que tienen tanta dificultad para publicar (no es tu caso porque tenés mucha publicada), y por qué hay tanta dificultad para que la poesía circule en la escuela?

CP: Lo que pasa en la literatura infantil, es lo que pasa en la literatura en general. Yo siempre que estoy con un grupo, les pido a todos que me digan cuál fue el último libro de poesía que fueron a buscar. A la biblioteca, a la librería. Si fueron a la librería, ¿lo encontraron fácilmente? ¿Revisaron los catálogos? ¿Qué porcentaje de libros de poesía hay en los catálogos? Es como un círculo vicioso. Vos acercás un libro de poesía a una editorial, y te dicen que los maestros no quieren poesía. Y cuando vas a hablar con los maestros, te dicen que no hay poesía. Uno no sabe. Es como el huevo o la gallina. En estos últimos años, sin embargo, hubo una especie de florecimiento, aunque el porcentaje de publicación de la poesía con respecto a la narrativa siempre es menor al 5% de lo publicado. Con teatro pasa lo mismo. Incluso peor. Hay un problema para la lectura de la poesía: si uno la encara de la misma manera que encara una historia, está frito. Cuando uno lee una historia, se mete en un trencito que va pasando por varias estaciones, introducción, nudo y desenlace. Puede haber variantes, pero siempre hay una vía en la que uno se introduce, hay una comodidad en la que uno se deja llevar. ¿Por qué la gente mira tanto las novelas o las series por la tele? Porque siempre aparecen los mismos personajes, uno ya está instalado en ese mundo. Cuando uno lee cuento o poesía tiene que acomodar la cabeza a cada rato a algo nuevo, porque el cuento es más corto, la poesía es más corta. De un cuento a otro van cambiando los personajes, los escenarios, las situaciones, y en la poesía, ni te digo: las palabras tiemblan. Lo que hace la poesía es arruinar todas las relaciones entre el lenguaje y las cosas. Y uno nunca sabe dónde está parado. La famosa pregunta: "¿qué quiso decir el autor?", es imposible de contestar. No hay una figura de autoridad. Y hay maestros que sí pueden trabajar con ese grado de incertidumbre en el que la poesía nos instala. Y hay maestros que se sienten muy incómodos. Como todas las personas. Yo hablo de los maestros, pero esto forma parte de todo. La gente mayoritariamente ve y lee novelas, no va a recitales de poesía. Circulan más novelas porque la gente lee más novelas. Y, sin embargo, hay un montón de movimientos alrededor de la poesía. Claro, no impresos, orales. Hubo muchas acciones últimamente para promover la edición de poesía, y me parece que está bien. Es como el cupo de las mujeres en el Congreso. Este es un género desfavorecido. Pero yo creo que no pasa por publicar más cosas, sino por sentarse con la gente a leer poesía. Y a ver qué pasa. Puede que un primer libro no lo entiendan, pero hay que tener paciencia. Vamos al segundo. Y a otro. Es una cuestión de capacitación y compañía. Hay que leer con el que nunca leyó.

Asistente: Pasa lo mismo con las canciones… yo estoy dando poesía y les encanta.

MM: En general, los libros que llegan al aula, vienen con actividades, si no están en un folleto aparte, o al final del libro, están en Internet. ¿Qué opinión tenés vos de las actividades?

CP: Yo he tenido que hacer guías cuando trabajé en editoriales. Me he resistido a hacer guías. ¿Viste que en un momento las editoriales empezaron a hacer las planificaciones? Bueno, yo me negué, porque me parecía que era una falta de respeto para el maestro. Un maestro tiene que saber dónde está plantado y cuáles son sus chicos. Con respecto a las guías, mi posición es que están buenas porque uno se entera de cosas y toma ideas de ellas. Pero no para seguirlas a rajatabla. Porque puede haber actividades maravillosas y otras en las que se les piden a los chicos que unan con una flecha el nombre del personaje con sus características físicas. En general, lo que me parece que habría que hacer con los textos, es una cosa muy libre, onda club de lectura, y ver qué tema suscitó en el grupo la lectura del libro. Sí usar la guía cuando a veces se sugieren lecturas conexas, que uno quizá no conoce, eso me parece absolutamente válido. Pero yo sé que hay escuelas que compran determinadas colecciones, que atrás traen las actividades y trabajan con eso en piloto automático. Si están cómodos enseñando de esa manera, bien, pero a mí me parece un poco una estafa. Cuando era editora, no hacía planificaciones. Podía dar sugerencias, pero no hacer planificaciones.

MM: Qué bueno esto del club de lectura, esta idea de hablar de libros. Leemos, charlamos, relacionamos con otros. Otra de las cuestiones que estuve viendo y que charlábamos el lunes pasado con los concurrentes, es tu fuerte relación con la ilustración. Hay varios libros que son libro álbum, o que están muy ilustrados. Por ejemplo, Un rey con 99, que tiene hermosos dibujos de Mónica Pironio, o este, con Pablo Bernasconi, Un cuento por donde pasa el viento, que es una maravilla. ¿Cómo es tu relación en el trabajo con los ilustradores? ¿Has podido trabajar codo a codo?

CP: A mí me gusta mucho trabajar con los ilustradores, pero a veces, no es posible. Por muchas razones, ajenas a los autores y a los ilustradores. No sé si me entienden… (Risas). Quedan pocos protagonistas. Creo que el texto puede ser de uno, pero en el libro para chicos hay mucha gente que trabaja. Correctores, diagramadores, ilustradores, editores. A veces, si es un libro relacionado con acontecimientos históricos también se piden lecturas críticas de especialistas. A mí, sinceramente, me hubiera gustado trabajar con los ilustradores mucho más de lo que trabajé. Yo soy de las que no se desentienden del libro, debe ser por mi pasado de editora. Una vez que lo entregué, sigo preguntando qué pasó. Acá, en el auditorio, hay una editora que puede dar cuenta de cómo hemos trabajado con ella y con el ilustrador, (se refiere a Verónica Bondorevsky, editora de Atlántida que trabajó con Cecilia), pero la verdad es que no es frecuente, aún en el caso de las editoriales que sacan libros muy ilustrados. A veces, siento como que tienen miedo de que se produzcan problemas entre el ilustrador y el autor. Entonces se paran en el medio y te van dando información de a poquito. Me ha pasado, en algunos casos, que no me dejaron ver hasta que el libro no estuvo impreso. Ahí, me pongo muy pesada, muy moscardona, y me enojo, porque no puede ser.

MM: Querés ir viendo cómo va…

CP: Claro.

MM: En general la ilustración es buena, pero está esa cosa como de no largar la manija.

CP: La verdad, es que salvo en uno o dos casos, no he tenido malas experiencias. De todos estos libros, uno o dos casos es poco. Cuando se dice que el autor y el ilustrador tienen que trabajar juntos se habla de algo ideal… A menos que vos seas amigo del ilustrador, como me pasó en este (Un rey con 99), con Mónica Pironio, ya que nos conocíamos antes del libro, entonces las dos lo fuimos trabajando y después lo presentamos…

MM: ¿Y proyectos previos terminados, como este con Mónica llevaste algún otro?

CP: Hemos llevado, con otros ilustradores, pero es bastante complicado. Es difícil, porque hay muchos proyectos dando vueltas, no es fácil que lo acepten. Y los editores también tienen sus preferencias y preservan su espacio de intervención. En ese sentido, uno baja a tierra todo el tiempo.

Asistente: ¿Y es muy variado lo que te piden que cambies? Las condiciones para publicar…

CP: Nunca me pidieron que cambiara cosas de ningún libro. Alguna cuestión menor de estilo, o alguna incongruencia descubierta por el editor. Uno a veces está tan metido adentro de la historia que se le pierde el hilo de algún detallecito. Ahí, la lectura del editor es importantísima.

Asistente: Me refería a si hay modas, que han ido cambiando a lo largo de todos estos años, desde que eras editora hasta hoy,

CP: Sí, hay modas, pero quizás más dentro de la edición, por ejemplo, con respecto a la tipografía. Se pide mucho la mayúscula pura para los primeros grados. A veces, en las escuelas se lamentan de que algún texto no está en mayúscula de imprenta; entonces las editoriales van corriendo y lo "mayusculizan", y es comprensible. Porque la editorial tiene que vender. Pero esas son modas, porque nosotros hemos aprendido a leer con todos los tipos de letra al mismo tiempo.

MM: Con esto hay un tema, y lo cuento desde el lado del editor: es muy difícil saber qué es lo que quiere el público docente, porque el otro día, por ejemplo, en la Feria del Libro vinieron unos editores chilenos a ver unos libros de Amauta que están en imprenta mayúscula y me dijeron: "Ah, pero son todas letras altas. Todo en altas no nos sirve". Yo me lo había anotado entre las preguntas. Por ejemplo, Maus y el ratón tigre, que está en Los caminadores, de Sudamericana, está toda en imprenta mayúscula.

CP: Sí, en la colección Los caminadores, de Random House, esa es una de las características de la colección.

MM: Y sin embargo, hay escuelas de las "más progres", que no quieren imprenta mayúscula.

CP: Porque son más constructivistas y prefieren un texto "natural", y no presentar un texto especial. No es que yo esté en contra de las mayúsculas pero… En un momento, cuando editaba primer ciclo, hasta la mitad del libro de lectura tenía que estar todo en mayúscula pura y después se iban introduciendo las otras tipografías. Pero eran cosas que cambiaban todos los años. Yo creo que los chicos aprenden de cualquier manera. Les termina cayendo la ficha en algún momento, más allá de las teorías y las metodologías. Por eso, la contrapartida de estas adaptaciones a mayúscula de los textos es que encuentren los textos tal y como existen en la vida real, no "fabricados". Lo de las "letras altas" es muy de Argentina. Yo no lo he visto en México, y menos que menos en Canadá.

Asistente (Natacha Goransky, ilustradora): En Gran Bretaña tampoco. Yo trabajé en una editorial inglesa, y cuando entré acá y vi los libros en mayúscula, me shockeó. Y como ilustradora, hasta me parece que luce feo. No sé hace cuanto que está dando vueltas esa teoría

MM: Lo curioso de esto es que yo, como editor, muchas veces no sé qué hacer, porque hay escuelas o zonas donde te dicen que no, porque es imprenta mayúscula. Y otros casos te lo agradecen y te dicen que, si no, hasta segundo grado no pueden trabajar.

CP: Los que conocen mejor el tema de los libros para la escuela son los promotores de las editoriales. Saben que hay un libro que en una escuela va a ir bárbaro, y en otra no, y por qué.

Cecilia Pisos MM: Ya que mencionaste a Verónica de Editorial Atlántida, que vino a visitarnos, ¿este es tu último proyecto? ¿Una taza de duendes?

CP: Sí.

MM: Contanos algo. No se los pude mostrar el lunes pasado…

CP: Está un poco en la línea de los poemarios que estoy haciendo. A mí me molestaba mucho que los poemarios para chicos fueran tan distintos de los que son para adultos. Que los libros para chicos fueran siempre como un popurrí. Como se publican menos, una vez que publican un libro de poesía, se meten poemas de toda clase y de todos los temas posibles. Así fue como saqué Las hadas sueltas, que fue mi primer libro para chicos. Hice como un catálogo de hadas, con distintas formas, un tanto libres. Y Canela, que fue la editora, me dijo que no podía haber hadas sin brujas. En realidad, esta segunda colección de poemas también surgía de las actividades que yo hacía con los chicos en las aulas: el combate de las hadas con las brujas. Y así salieron los versos de Las brujas sueltas. Pero no puede haber brujas sin ogros… Aparecieron Todos los ogros. (Risas). Y también tengo uno de dragones y pajaritos, y resultó que a los chicos les gustó acercarse a la poesía a través de esos personajes que ya conocían de los cuentos maravillosos. Tuvieron muy buena aceptación, y tenía la deuda de los duendes. En este libro, que lo trabajamos mucho con el ilustrador, que es Federico Combi, hay poemas que son juegos visuales, parecidos al de encontrar a Wally, en los que pasa eso con la ilustración y el texto, hay poemas que son de métrica y versos libres, y hay otros que son rimados. Ese es otro de los problemas con los que se encuentra el lector no habituado a la poesía. La rima es una seguridad impresionante, pero a la vez, en algunos casos, en aras de la rima se escriben cada cosas, que sería mejor no escribir. (Risas). A mí no me gusta mezclar poemas sin rima y con rima, pero en este libro lo hice porque pensé que a lo mejor, algunos lectores entran por el hábito de la rima, y se quedan leyendo los que no tienen rima. Y hacemos un poco de educación poética.

MM: Como que "el que no tiene rima está mal".

CP: Claro. Y además, algunos de los poemas de este libro son historias, son poemas narrativos…

MM: ¿Son duendes traviesos?

CP: Lo que nos encantó, a Vero y a mí, de las ilustraciones que fuimos viendo aparecer, es que contrariamente a la imagen más común que uno tiene, de los duendes como seres diminutos y traviesos, estos duendes son muy diversos. Y eso nos gustó mucho porque van cambiando a lo largo del libro. Hay duendes que son como muñecos; hay duendes muy flaquitos, muy poéticos, melancólicos. Y hay duendes más circenses. Hay duendes diminutos, que viajan en copos de nieve y hay duendes más grandes. Los que están en la cocina son chiquitos; otros, mayores, se meten en la fuente de la plaza… Hay como distintas escalas.

MM: Nos vas a tener que leer uno.

CP: ¿Ahora?

MM: Sí.

CP: Bueno, les voy a leer uno con rima y uno sin rima. Este no tiene rima pero si tiene su ritmo, que está dado por los cortes, por la medida de los versos. Y es una historia. Se llama Duende en el fondo del mar. Habla del duende enamorado de la falsa sirenita.

Duende en el fondo del mar
El duende distraído
que cae en la pecera
hace boquear de asombro
al pez dorado.

Perdidamente
se enamora luego
de la sirena de plástico
del fondo.

Subidos a la falsa
gruta ambos
se casan con burbujas
y se besan.

Confeti de alga
les tira el pez dorado
y sin pausa y sin párpados
los mira.

Para el viaje de bodas
ya se espera
que el niño de la casa compre
ese viejo galeón
lanzaburbujas
que está de oferta
en la vidriera del acuario.

Y después, los que son más cantaditos, que tienen rima, que vienen de a tres poemas por página. Por ejemplo, el Duende de la rosa:

Hay un duende que en la rosa
hace no sé bien qué cosa
para que parezca hermosa.
A ti y a las mariposas.

El duende de las piedras
Aparta las que son para montaña
de las que sirven para la rayuela,
las que molestan adentro del zapato
de las que rompen ventanas cuando vuelan.
(Y arroja siempre en cartas,
todo el tiempo al buzón,
las de forma más roja,
con todo el corazón.)

Y el Duende del libro:
En frase oscura, sin temor, sale al rescate,
con lámpara luciérnaga ilumina;
al punto más cercano te acompaña

y espera hasta que duermes o imaginas.

Entrevista de Mario Méndez en la Librería La nube en el marco de los "Encuentros con escritores de Literatura Infantil y Juvenil" (abril 2015) : Segunda Parte

Cecilia Pisos: "Yo trato de no hacer bajada de línea pero sí abrir una ventanita a través de la ficción."

La segunda parte de la entrevista con Cecilia Pisos comienza con una revisión de su trabajo en prosa para seguir de cerca la relación de los textos con lo lectores infantiles y juveniles. En la charla la escritora hizo hincapié en la influencia de las lecturas en el mundo de los chicos, la conexión estrecha con los temas que a ellos les preocupan, las cosas que les pasan, además de la importancia de la mirada y presencia adulta, en particular la de los docentes que trabajan con los textos. En el final del encuentro, la autora leyó un cuento inédito, para deleite del público: "Hacia una montaña pintada de azul".

Cecilia Pisos MM: Vamos a pasar de la poesía a la narrativa, porque hay mucho para hablar y no nos va a dar el tiempo. Tenemos acá unas cuantas novelas. Presté una de las que hablé. Así que debe tenerla alguna compañera, y es Dominó. Me llamó la atención cómo sabés tanto del dominó. ¿Existe algo de todo eso? Les confieso que no me puse a resolver los problemas planteados.

Asistente (maestra Patricia): Yo sí. (Risas).

MM: Te cuento, Cecilia: Marcela y Patricia son maestras paralelas de sexto grado, una de Lengua, la otra de Matemática. Y una convenció a la otra y trabajan las dos con el libro…

Asistente (maestra Marcela): Nos costó muchísimo conseguirlo.

CP: Pero se consigue. Lo que a veces pasa con los libros de algunas editoriales es que, periódicamente, retiran todos los ejemplares de las librerías para hacer inventario y después los liberan. A veces, lo que pasa es que justo uno va a la escuela en ese momento en el que "tienen prisioneros" los libros. Nosotros, los autores, hablamos para que esta situación se resuelva porque nos produce muchas incomodidades. Cualquier cosa, chiflan, y nos lo cuentan a los autores, así podemos dar aviso en la editorial.

MM: Hay una mala costumbre, no de Pablo, que es un buen librero, pero sí de otros, que cuando no tienen el libro dicen que está agotado. Y la verdad es que el noventa por ciento de las veces no está agotado para nada. No hacen el trabajito de llamar a la distribuidora y a la editorial y pedirlos. Pero los libros, en general, no se agotan. Ojalá se agotaran tanto. Contanos algo de Dominó.

CP: Dominó lo escribí cuando estaba viviendo en México. Cuando vivía en México y en Canadá, hacía algunos trabajos para Argentina, pero tenía mucho más tiempo libre. Tenía los chicos muy chiquitos que iban a la escuela. En un principio estábamos los cuatro solos. Hasta que uno hace amigos y redes, lleva un tiempo. Tampoco somos de mirar mucha tele. Esa es nuestra perdición: en casa, somos de jugar. Yo tengo muchos libros con juegos. Basta para mí, basta para todos, Rompecabezas, Venía un barquito… muchos. Y en ese momento nos llamó la atención que en muchos bares de México, así como acá se juega al ajedrez o al truco, se juega dominó. Y se juega con unos dominós más grandes, de hasta doce puntitos. Se necesita una mesa grande, o hay que tirarse en el piso. Mi marido consiguió uno de esos, y entonces, todas las noches, en casa, jugábamos los cuatro al dominó.

MM: ¿Hasta doce números?

CP: Sí, sí, se les "caen" los puntitos a las fichas casi, los dibujan muy apretaditos. Y hay un montón de figuras que se hacen porque hay un aparatito que se compra, y se forman trencitos, uno va poniendo fichas en distintos lugares. Bueno, nos quedamos enganchados con el juego. Y yo empecé a investigar el origen del dominó, a ver si había partidas en Internet. En esa época, había muchas menos cosas que ahora, pero sí había partidas en Internet. Había gente que se dedicaba a hacer figuras de dominó con las fichas que después se deshacen precisamente con "efecto dominó", había maravillas. Entonces se me ocurrió ir por ese lado. Porque además yo quería hacer en este libro algo que hice después, en Este campeonato apesta, en el que abordo la cuestión del "fútbol obligatorio" que existe en nuestra sociedad. Yo soy madre de un "no tan futbolero". Recién ahora, que es adolescente, mi hijo le está encontrando el gustito al fútbol. Con lo cual, padeció bastante. En general, veo que si los chicos no siguen la corriente y eligen algo distinto, tienen algún problema. Yo he tomado varias veces el tema del chico al que le gusta algo que no le gusta a todo el mundo. En Dominó, el juego del dominó mismo me dio la forma de la historia, y parte de la trama, porque el protagonista, Mariano, está como a dos puntas con el papá y la mamá que están separados: tiene la posibilidad de estar en una u otra, como una ficha de dominó, pero en cada jugada solo puede estar en un lado. Y también está esa cosa, de que al comienzo de la novela el protagonista está fuertemente angustiado por esas decisiones que él cree que debe tomar. ¿Con quién me quedo? ¿Con mi papá o con mi mamá? ¿Qué hago? Mis amigos juegan al fútbol… Pero él ha empezado a jugar al dominó con unos viejitos en un club de barrio, y le toma el gusto. No quiere dejarlo. Y los viejitos lo enganchan para un campeonato. Me inventé un campeonato, con sus instancias barrial, provincial, nacional, hasta que llega el internacional. Cuando se los leí a mis hijos, que eran muy chicos los dos en ese momento, me dijeron: "Mamá, acá te fuiste. ¿Cómo va a haber un Campeonato Mundial de Dominó?" (Risas). Y yo no les hice caso. Porfié. Porque tenía escrita toda la novela y ya estaba construida sobre los momentos de los campeonatos. Un día, el libro ya había salido, (lo publicó Antonio Santa Ana, al que le había gustado mucho, y que se encargó de cortarlo porque era más largo todavía), estábamos comiendo en un restaurante, y de repente, ESPN empezó a pasar la final del Campeonato Mundial de Dominó. Y yo les dije a mis hijos: "¿Vieron cómo la realidad imita a la literatura?". (Risas).

Cecilia Pisos MM: Dos o tres cosas que surgieron de tu respuesta. Las charlábamos el lunes pasado. ¿Hay un cuento, Dominó, que después fue ampliado?

CP: No, el cuento no tiene nada que ver con la novela. Es anterior y pertenece a un volumen, Basta para mí, basta para todos, de cuentos sobre juegos, en el que los juegos son el tema y también la forma de los cuentos.

MM: ¿No hiciste ninguna relación?

CP: No, las historias son diferentes pero tomé el mismo principio del juego, y la sensación del que está tironeado hacia uno u otro lado. Entonces, el protagonista de ese cuento, que está animado también en una serie de Paka Paka, es un príncipe que va a ver a la princesa y no se decide. Si va por un camino o por otro, qué va a decirle y qué no… Como el cuento tiene un territorio mucho más acotado, pude trabajar más el lenguaje. En la novela Dominó, las alternativas del juego de dominó están trabajadas al nivel de la acción; en el cuento, a nivel oracional: está hecho de puras oraciones disyuntivas. Me divertí mucho escribiéndolo. Es una cosa que creo que la literatura tiene que hacer siempre, que es jugar mientras cuenta. Para diferenciarse de la crónica o de algún otro tipo de discurso narrativo, periodístico… aunque en el periodismo hay hibridación.

MM: Uno de los dilemas del protagonista de la novela Dominó es que en el fútbol a veces se cuelga y hace goles en contra, y esa cuestión de que lo vean diferente porque juega al dominó. Esa cosa de ralear al que es diferente es una especie de bullying. Hay una novela que comentamos el lunes pasado que nos gustó mucho, que es Querida autora, en la que trabajás esto, en este caso con una nena. ¿Qué relación hay con la realidad? ¿Tenés ese trato con los chicos que te escriben?

CP: Sí, y cuando salió ese libro, más, porque una de las "actividades" que se les ocurrió a las maestras, y que no estaba en la guía propuesta por la editorial, creo, fue que los chicos me escribieran a mí, la autora real de Querida autora. Y me escriben comparando la situación con la de los personajes de la novela. Y entonces ponen: "Cecilia, ¿te das cuenta de que es como en el libro? Yo te estoy escribiendo a vos como Luci le escribe a Felicia". Me encantan esos mails, trato de contestarlos rápido. A veces, con los de los grandes tardo un poquito, pero los de los chicos los contesto enseguida, porque me gustan mucho. La novela está basada en casos reales. Una vez fui a buscar a mi hijo a un cumpleaños, estábamos con otra mamá y había una nena llorando. Entonces nos acercamos con la mamá a consolarla, y cuando le preguntamos qué le pasaba nos dijo que "sus amigas" le habían dicho que si no se convertía en su esclava, no podría estar más con ellas. A mí me impactó la palabra "esclava". En ese momento, tratamos de resolver la situación con la mamá del que cumplía años. Por supuesto, como en toda situación de bullying, los episodios de mayor violencia son encubiertos, así que imagínense las caras de santitas de las "acosadoras". "Vení, vení, no llores más", le decían. Yo tengo un ojo clínico para detectar esas conductas y al verlas, pensé que si eso quedaba ahí, la nena iba a seguir sufriendo. En ese momento me animé, porque la maestra de Ignacio era muy piola y así, un día le dije que tenía que comentarle algo, y se lo conté, para que se fijara si pasaba lo mismo que había pasado en el cumpleaños. El tema es que cuando se da el bullying, ocurre en territorios que se sustraen al ojo avizor del docente o del adulto. Ella lo tomó muy bien; era una maestra muy inteligente, muy sensible, pudo intervenir y se resolvió la situación. Pero yo me quedé con la idea clavada y para escribir ese libro, fui recolectando información "de campo". Por ejemplo, lo de las nenas que tienen que pagar para entrar a un juego que se dice en la novela, le pasó a la hija de una amiga. A mí me interesa, a veces, escribir esos libros, no porque piense que la literatura vaya a resolver los problemas de la vida real, porque no soy ingenua. Pero a mí me pasaba, cuando era chica, que estaba en una situación parecida a la de un personaje que leía y que lograba encontrar una solución a su problema, una salida o lo que fuera y eso me hacía sentir cierto bienestar, cierto alivio. Por ejemplo, yo era fanática de los libros de Louisa May Alcott. Las heroínas de sus novelas, son chicas que luchan y consiguen lo que quieren. Yo creo que a mí ese modelo me marcó para toda la vida. Yo quería conseguir cosas, pero sabía, desde esas novelas, que tenía que luchar. Si yo encontré eso, ¿por qué no puedo darle alguna pista al lector? Sobre todo, porque por lo que yo veo en las escuelas, los chicos están muy desvalidos. Muy solos. Muy sin la charla de algún adulto. Yo trato de no hacer bajada de línea pero sí abrir una ventanita, ver qué puedo hacer con el personaje, y entonces, en esta novela está la idea de encontrar algún adulto al que se le pueda confiar lo que pasa. A mí me da mucha impotencia que se piense que los problemas de los chicos son pavadas. Acuérdense de cuando eran chicos y tenían un problema: era todo un mundo. Con este libro hice mucho contacto con los chicos. En algunas escuelas es genial. En otras, a las maestras no les gusta tanto porque empiezan a salir al sol los trapitos del aula. Hay que manejar la situación, pero muchas veces ayuda a sacar cosas que estaban ocultas. Y de alguna manera, posibilita trabajarlas.

Asistente: Porque si es la lectura la que los expone, el grupo se anima a hablar. Los anima. Alguno que no iba a hablar o que no tenía palabras para decirlo, habla.

CP: Sí, hay mucho temor, y me parece que como docentes, como adultos, tenemos que estar muy atentos. Le contaba a Mario que la otra vez fui a una escuela, y se me acercó un nene que me preguntó si no estaba escribiendo algo sobre bullying como para quinto grado. Así, con el nombre técnico, me lo pidió. Y cuando le pregunté si era para tanto, me contestó que sí, y me miró con una mirada tan triste… Yo sé que la literatura no es instrumental… Pero muchas veces siento la necesidad de hacer algo.

MM: Claro, lo dijo la compañera… la valentía de la maestra que se atreve a que esto se escuche. Nosotros lo ponemos en juego…

CP: …y los maestros tienen que ser nuestros socios. Y los papás. Tenemos que asociarnos los adultos con esto, porque se necesita más de un ojo atento.

Cecilia Pisos MM: Decías que no son de ver mucha tele… Hay un cuento que nos gustó muchísimo también, que además mete el dedo en la llaga sobre la falta de atención… Esto no es una caja. La nena quiere jugar y la mamá quiere mirar la caja boba. ¿Esto ha circulado en la escuela?

CP: Sí, pero del lado de donde más recibo con este libro es del de los papás. Porque viste que hay libros en los que uno toma partido por el niño, y en otros, por el adulto. Tengo un libro que se llama Mientras dura el hechizo, en el que quise tomar partido por los padres, porque no soporto a los niñitos malcriados, caprichosos. Es una cosa insoportable para mí. Entonces, los que vencen en esa historia son los padres. (Risas).

MM: Te interrumpo, leo un poco del final, hago spoiler. "El gigante suspira con alivio y deja el libro. Luego, prepara el tablero, llama a la giganta y, mientras dura el hechizo, los dos se ponen a terminar esa partida de tatetú que habían empezado antes de que Frida naciera". (Risas).

CP: El disparador de esta historia fue una nena que hizo un berrinche en el consultorio del dentista. Y en el caso de Lara, en Esto no es una caja, la nena tiene cosas mías de cuando era chica. Yo tenía un abuelo que me hacía juguetes artesanales. Se iba a una maderera, pedía los restos y se sentaba a jugar conmigo. Él era reciclador. Tapitas de yogures, frasquitos de redoxon… Yo me divertía muchísimo con mi abuelo. Esta cosa de usar las cajas para jugar, también la hacía. Era un clásico. Y esta historia surgió un día en el que yo estaba en la pileta del club, mis hijos andarían por ahí, y llegaron los chicos de la colonia. Como siempre, estaban los que no se querían meter al agua. Entonces, el profesor, "de castigo", los dejó en una punta, aislados, lejos de los que nadaban. Solo tenían sus toallones. Los otros se divertían en el agua. Primero, se recontra aburrieron, durante un largo rato. Charlaban, se molestaban, se pegaban… De pronto, uno dijo: "¿Dale que esto era una veterinaria?". "Bueno", le dijeron los otros, "Nosotros éramos los perros" (Risas). Chicos de nueve o diez años. Tres eran los perros, y el otro era el dueño de la veterinaria. Y cada una de las toallas era como la jaulita o el espacio del perro. Estuvieron jugando toda la hora que duró la clase de natación. Y a mí me pareció una maravilla. Cuando uno a veces tiene mucho, no puede inventar nada. No puede desear nada. Como estos estaban en el límite del aburrimiento, tuvieron que hacer algo. Y lo lograron.

MM: Además logra que la madre deje la tele. Hay mucho recurso de lo maravilloso-fantástico en casi toda tu literatura, ¿no? Te gusta mucho.

CP: Me gusta. Un día, cuando mi hijo Ignacio estaba en tercer grado me dijo: "Mamá, basta de princesas". Así se iba a llamar El rock de la princesa, pero me pareció muy fuerte. Él me dijo que tenía que escribir sobre la vida real. Y ahí empecé a escribir los libros de la serie "Juani y SuperFido". Es una serie medio desopilante. Es un chico de quinto grado con su mascota, SuperFido, un perro chihuahua, su mamá, su papá, el director de la escuela, la maestra, su mejor amigo Fede, la chica de la que está enamorado… Le construí un universo cotidiano de una escuela cualquiera de Buenos Aires. Pero igual siempre le pasan cosas desopilantes. No di con el realismo que "tenía que lograr".

MM: Los "pulóveres cariñositos" no son muy realistas.

CP: No.

MM: Ya que mencionás a Juani y SuperFido, y recién El rock de la princesa, estas son sagas, ¿verdad? Se me ocurre que El té de la princesa, no fue pensado originalmente como saga…

CP: No. Lo presenté uno de los primeros años del concurso El Barco de Vapor, de SM, y quedó finalista. No tenía pensado nada…

MM: Recuperaste el personaje…

CP: Sí, me lo pidieron. A veces, cuando el personaje por alguna razón es exitoso, las editoriales lo piden. Así, después de El té…, vinieron El rock… y El terror de la princesa, este a pedido de los lectores.

MM: En cambio, UfaGenial ¿surge como un proyecto de saga? ¿Pensaste en un personaje para seguirlo?

CP: Estas dos series, Juani y SuperFido y UfaGenial, sí, porque en ese momento en que estaba viviendo en Canadá, experimenté con mi hijo menor la estrategia principal que se utiliza allí para enseñar a los chicos a leer: leer. Entonces, leen todo el tiempo. Leen con la maestra, con la bibliotecaria, pueden llevarse libros… En primer grado tenían que llevarse un libro a casa cada día, de la biblioteca del aula, y la tarea era leerle ese cuento a alguien de la familia, la madre, un hermano, a quien fuera. A veces había papás que íbamos voluntarios al aula, y los chicos hacían cola y nos leían. Había mucha variedad de materiales para leer y entre los recursos, una de las cosas que era muy importante para los chicos que estaban aprendiendo a leer, en segundo y tercer grado, eran las series, en las que uno seguía a un mismo personaje en diferentes aventuras. Yo tenía mi prejuicio con respecto a las series, porque, justamente, pensaba que eran algo hecho "en serie". Entonces observé el comportamiento lector de mi hijo, y él seguía los libros de una serie. Ese seguimiento lo llevaba a leer y a leer, y leía cada vez un poquito más. Entonces, la serie no va a ser la gran obra de la literatura universal pero va a ser algo que le va a servir. Uno lee muchas cosas que quizá lo ayudan a leer mejor otras, aunque no tengan un valor literario maravilloso. Como yo soy cabezona, igual quise construir una historia única, no adocenada dentro de cada libro de la serie. Pero sí, en su conjunto, los libros fueron pensados como parte de una serie. Y UfaGenial más, porque trabajamos mucho con Carlos Pinto, que ilustró todas las locuras que a mí se me ocurrieron. Y otras que se le ocurrieron a él.

Cecilia Pisos MM: El lunes hablábamos y yo les mostraba el del cumpleaños. En el que además e incluyen temas de juego, de chistes a resolver… Eso lo trabajaste con el ilustrador…

CP: Sí, y con la editora que es María Amelia Macedo, que es un amor de editora, súper minuciosa.

MM: ¿Está funcionando? ¿En la escuela?

CP: Sí. En realidad, algunas escuelas lo adoptan porque las maestras trabajan cómic. Y otras veces, los chicos los compran y los coleccionan, porque lo que tiene toda serie, es el costado consumista que es lo que a mí no me gustaba. Pero si pensamos que La Comedia Humana salía como serie o que las novelas de Dickens o Dumas salían como folletín… Con las series, los chicos siguen leyendo.

MM: Esa es la idea. Hay otra saga, en la que está esta novela que a mí me gusta muchísimo, que se llama Como si no hubiera que cruzar el mar, que desde lo argumental es muy interesante, y desde lo textual, el trabajo con los capítulos. Uno con la voz de la protagonista y otro con la de la bisabuela. ¿Dónde abrevaste para esta novela?

CP: Esa novela la escribí el enloquecido año en el que me estaba yendo a vivir a México. Una decisión, más que nada laboral, por el trabajo de mi esposo. Como mi trabajo en ese momento era "portátil" (estaba escribiendo para la revista Genios, y publicando algunas otras cosas), podía seguir haciéndolo. Mi preocupación mayor era el impacto que podía tener ese "trasplante" de país en mis hijos, y en los abuelitos. Yo me la bancaba pero pensaba en qué les pasaría a ellos. En un momento, me di cuenta de que me había hecho problemas al divino botón, porque los chicos no tienen tantas vueltas como uno. Durante todo el año que duró la mudanza (desde que nos dijeron que teníamos que irnos hasta que nos fuimos pasaron casi nueve meses), estaba muy angustiada haciendo trámites y tenía que procesarlo de algún modo. Trámites de la escuela, de la casa… infinitos. Y trabajaba. Ese año escribí El té de la princesa. Y ese mismo año escribí el libro Proyectos con todos, para docentes, con Silvia Hurrell. Las dos teníamos chicos chiquitos y escribimos todo el libro sin reunirnos ni una vez… Y en medio de ese caos y de esos otros trabajos de escritura, empecé a escribir Como si no hubiera… Esa es la explicación de por qué los capítulos son tan cortos. Era lo máximo que yo podía escribir cada día. Y cuando estaba por la mitad de la historia de Carolina, que en realidad es una mezcla de mi hija, de mí y de mi mamá, se me vino la figura de mi abuela, y pensé que ella había hecho lo mismo y en peores condiciones. Y me vino, tirando de la piolita del recuerdo, la historia de mi abuela. Ella era una gallega muy callada, que había sufrido mucho cuando era joven, y trabajó muchísimo acá en Argentina. Mi abuelo también era gallego, pero era muy alegre, era todo lo contrario. Costaba que ella te contara algo de cuando era chiquita, de su tierra. Pero a fuerza de mates y persistencia (yo era la única nieta mujer), en mi adolescencia, antes de que se muriera, lo logré. Entonces para escribir este libro fui recuperando algunos episodios de su vida. Y hubo cosas que inventé por cuestiones de la trama, pero buena parte de la historia de mis abuelos es esa.

Cecilia Pisos MM: Es fuerte también lo de la discriminación. Muchas veces parece que eso se olvida, como que somos un crisol de razas y todos fueron recibidos con los brazos abiertos. A la protagonista la joden bastante…

CP: Sí. En las obras de teatro de la época, como las de Vaccarezza, aparece la figura del porteño que gasta a los que hablan mal que vienen de otros países…

MM: Y después esta novela sigue con Mar cruzado, que es cuando la protagonista vuelve desde Madrid para la Argentina. Y de eso quería preguntarte cómo fue la experiencia de trabajar en un blog, con Alfaguara.

CP: La verdad es que Fernanda (María Fernanda Maquieira, editora de Alfaguara) me venía pidiendo que escribiera la segunda parte. Cuando todavía no estaba en la Argentina, le decía que no sabía cómo era la cuestión, porque no había vuelto. Y cuando volví me lo pidió otra vez. Me resistí un par de años más, porque me costó mucho más la vuelta que la ida. Reacomodarnos nos costó mucho más. Uno cambia, se vuelve otro. Y en esta historia pensé en los modos de leer que se están dando entre los adolescentes, y probamos por ahí. No es que yo fuera escribiendo a medida que se colgaban los capítulos en el blog. Yo ya tenía todo el esquema de la historia, y un buen colchón de capítulos hechos y corregidos con Lucía Aguirre, la editora. Se abrió el blog, y se iban colgando tres capítulos por semana. Y los lectores podían interactuar como si fuera un blog real, dejando comentarios. Pasaban cosas curiosas. Algunos comentaban la historia como historia. Entonces, se dirigían a mí. Ellos podían decir lo que querían. Entonces decían: "No hagas que se enamore de Fulano". Otros les hablaban a los personajes, porque cada capítulo de esta novela es una entrada de blog de la protagonista, y luego, el resto de los personajes, comenta. Los conocemos a través de sus comentarios. Se dieron distintos niveles de diálogo. Algunos les hablaban a los personajes…

MM: ¿Y vos contestabas?

CP: Trataba de meterme lo menos posible. Estaba muy asustada. Yo no tenía Facebook… Si ustedes ven hoy día mi Facebook van a ver que está completamente amurallado. Le tengo pánico. En ese momento, en la editorial me abrieron un perfil de Facebook, y no fue que escribieron un montón de lectores. Escribieron algunos, fue algo manejable. Los editores monitoreaban. Se leía mucho, pero no todos los que leían, escribían. Después, aparte del blog se les ocurrió armar la página en Facebook, para ir planteando algunas preguntas. Por ejemplo, está el cumpleaños de quince de Carolina. Y empieza todo el debate acerca de si fiesta o viaje. Y en el Facebook se les preguntó a los lectores qué preferían. Y esas cosas que planteábamos así como más planificadamente, ellos no las respondían tanto en Facebook. Sin embargo, en el blog sí se metían. A veces, se posteaban los temas musicales que se mencionaban en el texto, absolutamente asesorada en esto por mi hija, o los trailers de la películas que comentaban los personajes, como para que hicieran una experiencia más interactiva la lectura la novela. Pero la comunicación con los lectores no pasaba tanto por ahí sino por el blog, que tenía el texto pelado.

MM: ¿Y cuánto duró la experiencia?

CP: Tres meses. De septiembre a diciembre se publicó así. En enero quedó la novela entera colgada; a principios del 2013 salió el libro en papel, y la editorial la levantó del blog. Quedó abierta la página del Facebook.

MM: ¿Te gustó?

CP: Sí, fue muy interesante. Me confirmó eso de que quizá no hay que trabajar tanto desde cosas más dirigidas con los chicos, sino ver qué pasa en instancias de mayor espontaneidad.

MM: Bueno… tenemos un montón de libros de los que hemos hablado el lunes pasado, pero además trajiste una bolsa con libros que acá, en Argentina se conocen poco o casi nada, porque fueron publicados en España, en México… así que nos gustaría que nos muestres.

CP: Les muestro. Y les traje un inédito para leer.

MM: Bien. Además las ediciones son muy buenas.

CP: Algunos son de Norma, porque al vivir en México, conocí a la editora mexicana. Entonces, mi producción argentina de Norma, es distinta de mi producción mexicana. El primero que saqué es Salsa de cuentos. Son cuentos relacionados con contar cuentos. Hay una abuelita que mientras está haciendo la salsa cuenta un cuento, y como está concentrada en la salsa se equivoca. Esa era mi abuela.

MM: ¿Y los ofreciste acá?

CP: Viste que en esta editorial se van intercambiando títulos entre los diferentes países… depende de los editores. Este ahora se fue a Guatemala, y a Puerto Rico. Y el que está muy viajero es Querida autora… que se fue a Puerto Rico, Estados Unidos y México. Parece que el bullying no es un tema solamente nuestro. Después, este, San Valentín de los dientes, recibió el equivalente de la mención de ALIJA de acá, en México en el 2010. Habla de la pérdida de los dientes. Me divertí mucho haciéndolo. Y está totalmente escrito "en mexicano", porque en esa época, en mi casa se hablaba bilingüe mexicano/ porteño. Mi hija fluctuaba todo el tiempo. Mi hijo era totalmente mexicano, era más chico. Me decía: "Mamá, amárrame las agujetas de los tenis". (Risas). Y yo le decía: "No. Atame los cordones de las zapatillas". Este, Bicho@zoo, también está conformado por mails que se mandan unos nietos y un abuelito. No tiene un narrador. Los nietos acaban de perder, literalmente a su papá, que es espeleólogo y desapareció explorando unas galerías subterráneas, después de un derrumbe. El abuelo, que es entomólogo, los ayuda a los chicos, tratando de distraerlos, y les enseña a hacer una colección de bichos. Pero hay que hacerla bien para que los bichos no se mueran, que tengan agua, alimentos. Así que estudié un montón sobre los bichos para escribir. A mí me gustan también, no lo niego. Y los chicos van armando ese zoológico, con las indicaciones que les va dando el abuelito a la distancia. Hay un desenlace inesperado en el que intervienen las hadas, también. Y después tengo estos otros libros de poesía. Este, El libro de los hechizos, circula acá, pero esta es la versión hispánica. Salió primero allá, y después yo misma lo traduje al porteño. En este, Soplacoplas, se me ocurrió hacer un libro volviendo a esta forma tan linda y tan sonora que tenemos en la lengua española, la copla. Por ejemplo, Copla sin miedo: "Los fantasmas de la noche,/los ves en la madrugada/y el susto que los sostiene/ es solo sábana blanca.". A ver otro… Son cortitos… Copla sin vergüenza: "En la fuente un angelito/hace pis, nadie se enoja./ Y encima tiran monedas/por si la suerte las moja". (Risas). La idea es jugar con la riqueza sonora y conceptual que tiene la copla. Después, este, Una pregunta por punta, es un "preguntario", al modo de El libro de las preguntas de Neruda. Es un libro como de definiciones poéticas, o de preguntas poéticas. Por ejemplo, Mediodía: "¿Qué tiene la luz que cae/ como lanza al mediodía?/ Tiene celos del almuerzo/ y pincha, a ver si convidas." Y este, Argentina, de la A a la Z se hizo por encargo, con ilustraciones de Claudia Legnazzi. A propósito del tema de los ilustradores, no nos hemos visto con Claudia en la hechura de este libro ni nos hemos conectado nunca. La editorial es Everest, de La Coruña, y tuvo el proyecto de hacer un libro de poesía por país. Y para el de Argentina me llamaron a mí. Pero lamentablemente nunca llegó a venderse y a circular por Argentina; sí sé que está en otros países de América. La verdad es que es una lástima repetida porque a España tampoco llegan mucho los libros de acá.

Cecilia Pisos MM: ¿Y qué elegiste para leernos?

CP: Elegí un cuento que no está publicado. Últimamente estuve escribiendo cuentos sobre situaciones de lectura que no publiqué todavía. Cosas que me han contado bibliotecarias, o docentes. Hay uno, del año pasado, que salió en Paka Paka que se llama Las varitas mágicas. Y este no es muy largo. Se llama Hacia una montaña pintada de azul, y yo le puse una cita de Cesare Pavese, que no sé si quedará cuando se publique.

Hacia una montaña pintada de azul
Cecilia Pisos
De niño se aprende a conocer el mundo no—como parecería— gracias al inmediato y originario contacto con las cosas, sino a través de los signos de las cosas: palabras, viñetas, relatos. Si nos remontamos a un momento cualquiera de conmoción extática ante cualquier cosa del mundo, encontramos que nos conmovemos porque ya nos hemos conmovido; y nos hemos conmovido ya porque un día algo nos apareció transfigurado, separado del resto por una palabra, una fábula, una fantasía que a ello se refería. (Pavese, Cesare. El oficio de vivir. El oficio de poeta. Barcelona, Ed. Bruguera-Alfaguara, 1979.)

Josué nació y creció en la Puna, en un pueblito que termina donde empieza la montaña. Hace dos meses, los papás lo enviaron, junto a su hermanita Marimari a vivir con los tíos de la gran ciudad.
Calladito y sin protestar, Josué se levanta todos los días, se lava y se viste para ir a la escuela. Con paciencia y muy prolijo, la peina con trenza a Marimari porque solo él sabe cómo la hacía su mamá en el pueblo, le ha dicho su tía.
Luego del pan y el mate, los dos hermanos caminan muy serios hasta la escuela. Josué vigila con ojo atento los autos, las personas. Cuando tienen que cruzar, le aprieta fuerte la mano a su hermanita. En cambio, muchas veces, entornando los ojos en medio de la vereda con sol, se recuerda, corriendo hacia el cerro, despreocupado y suelto como el viento.
Toda la mañana Josué escribe y hace cuentas en la escuela, callado, sin borrar. En el recreo, siempre busca un lugar tranquilo. Y allí, no importa si es la escalera o el pie del mástil, pasan ante sus ojos, una por una, sus llamas. Josué tiene tanto silencio alrededor que nadie se le acerca. Si alguien le habla, contesta con la cabeza. Y ya se sabe que con la cabeza solo se pueden decir dos cosas: sí y no.
Cuando regresa a casa, por las tardes, ayuda a los tíos a atender en la verdulería: elige las frutas y las verduras que le piden, las pesa, las embolsa, anota en un papelito el precio, cobra y da el vuelto.
Cada vez que su mano roza una papa, un zapallo, si cierra los ojos, le parece que toma de la patita a su perra Sarmienta. O que acaricia la oreja de la Nube, la llama más clarita del rebaño.
—Este nene no habla—le dice un día la maestra a la directora de la escuela.
—Su sobrino no habla —le repite ese día a la salida la directora a la tía.
Y a la noche, la tía comenta triste con el tío: —No habla el niño, dicen, en la escuela.
El tío se rasca la cabeza y dice: —En la verdulería, tampoco.
Y los dos se quedan despiertos, pensando.
Pasan los días y pasan los días sin palabras. Sin embargo, por donde mira la calle, Josué ve la montaña; por donde corren chicos, él ve andar sus llamas; por donde se le aparece en la vereda un perro, solo ve a la Sarmienta que le sale al encuentro.
Un sábado a la tarde, la tía le dice a Josué:
—Hay títeres en la biblioteca del barrio pero yo tengo que abrir el negocio.
Josué lleva a su hermana; él está grande para títeres y se queda en el fondo. Violeta, la seño de la biblioteca, lo invita a sentarse entre los libros, a servirse una historia.
Josué dice que no con la cabeza. Violeta igual le deja dos o tres libros sobre la mesa y se va con los chiquitos. Porque sí, Josué toma un libro y empieza a pasar las páginas. El sol pega en la ventana y ya se siente como a la hora de ir volviendo al valle…
Josué, sigue pasando por pasar las páginas hasta que llega a una inesperada: en ella hay un chico, otro Josué, chiquito; va detrás de unas llamas. Parecidas a las suyas pero del tamaño de hormigas; enfilan hacia una montaña pintada de azul. Y hasta hay una, encaramada sobre las rocas de la cima, valiente y solitaria, igualita a la Nube.
Al rato pasa la seño Violeta y le pregunta:
—¿Te gustó el libro de los camellos, Josué?
—No son camellos, seño; son llamas. Hay que subirlas todos los días al cerro para que coman las hierbas. Y luego antes de la luna, hay que bajarlas sin que ninguna se pierda. Por eso el niño va detrás, contando…—dice sin darse cuenta y de un tirón Josué con una voz que se parece a un trino.
La función terminó y todos se acercan a escucharlo. Los más chiquitos lo rodean y él pasa las páginas de la historia y lee y también cuenta otras cosas que no están escritas. Pero que él conoce muy bien porque es igualito a ese Josué del libro.
—Aquí no lo pone pero estas lanitas de colores que traen en las orejas son de la "señalada", cuando las marcan para saber de quién es cada llama. A La Nube, le puse vellón rojo y verde.
Josué se lleva el libro prestado. Contra el pecho lo lleva: esa es su historia. Antes de salir, Violeta le regala un cuaderno:
—Escribí aquí todo lo que le falta al libro, así después ponemos el cuaderno a su lado, en el estante.
Pero Josué, por el momento, no piensa todavía en escribir nada. Lo que sí: no para de contar
a los chicos en el recreo,
a los clientes de la verdulería,
a los otros lectores en la biblioteca.
Unos días después, la señorita le comenta muy divertida a la directora:
—Este nene ahora habla hasta por los codos…
Al rato, la directora llama por teléfono a la tía y le dice:
—¡Mire que está charlatán este Josué!
A la noche, ya acostados, los tíos se ríen: —¡El niño parece una cotorrita!
Y luego tienen que hacerlo callar a Josué, que hasta dormido, sigue y sigue, ¡sigue contando llamas!
(Aplausos)

Esta es una historia contada por una bibliotecaria de un centro comunitario. Cómo los libros a los que uno les pone la voz, le dan la voz a otro. Me contó esta historia y otras y me quedé impactada. No es tal cual… pero fue recibida por mí y acá va de vuelta.

MM: Muy bella. Seguramente aparecerá en un libro

CP: Ojalá.

MM: Despedimos a Cecilia con otro aplauso. Muchas gracias. (Aplausos).

CP: Muchas gracias a ustedes.

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